Martes, 10 de diciembre de 2019

Un nuevo año amanece

Se nos va el año, otro, y así… ¿Cuántos? Difícil es echar la cuenta. Hasta no hace mucho, pensaba que nada significaba el que un día fuera el último del año, que eso era un simple convencionalismo y que el primer día del nuevo año esperaba fielmente, sin faltar a su cita, para que la vida continuara sin interrupción.

A medida que van pasando los años, voy teniendo menos clara esa continuidad, ya no la veo tan asegurada. La verdad es que nunca lo ha estado, pero con el paso de los años se va viendo con más claridad.

A lo largo de este año que se nos va, han sido muchos los problemas que hemos vivido, muchas son las interrogantes que se abren para este que estamos a punto de estrenar, interrogantes que no sabemos si viviremos lo suficiente para ver su solución. Problemas que han condicionado nuestras vidas, que no nos han permitido vivir con la intensidad y la felicidad que hubiéramos deseado, problemas que, ajenos a años viejos o nuevos, continuarán machacando nuestras vidas. Los problemas no conocen fronteras ni se paran ante las barreras del tiempo. Ellos continúan con su paso inexorable, arrasando felicidad, amor, fraternidad, amistad… todo lo bueno que el ser humano posee, para convertirlo en odio, rencor, envidia, recelos… todo ello al servicio de esos problemas que nosotros mismos hemos creado y que ahora se rebelan contra sus creadores convirtiéndoles en sus esclavos.

Cuando nosotros no estemos, los problemas nos sobrevivirán, continuarán acosando a los que en este mundo sigan. Les hemos hechos más fuertes que nosotros mismos, ahora son ellos los que mandan en nuestras vidas y seguirán mandando en las vidas de los que nos sucedan.

Pero amanecerá un día, en el que los seres humanos se den cuenta de que no deben permitir que los problemas les manipulen, lucharán para exterminarlos utilizando armas que ahora están anquilosadas, oxidadas, olvidadas, armas que han perdido todas sus facultades y que han dejado al hombre de hoy indefenso, desnudo ante los problemas, armas como el amor, la solidaridad, el entendimiento, la tolerancia… que el hombre del mañana desempolvará para para ser esgrimidas por todos y cada uno de los habitantes de la Tierra, sin que nadie se aproveche de la buena voluntad de los demás para, mediante engaños, hacer realidad sus egoístas pretensiones, su afán de dominar a los otros, sus ansias de riqueza y poder personal.

Cuando ese día amanezca, cuando el hombre se dé cuenta de que el último día del año, puede ser también el último de su vida, y se enfrente a él con una sonrisa, tal vez entonces, tal vez, el hombre tome conciencia de su verdadero ser y empiece a vivir, en lo más profundo de su alma, un sentimiento olvidado: la felicidad, que le hará volver el rostro para encontrar el verdadero sentido de su existencia, el motivo de su paso por este mundo.

Ojala que ese amanecer sea el de este año que estamos a punto de estrenar, ojala que 2018 abra nuestra mentes, dé riendas sueltas a la bondad que todos cobijamos bajo la dura corteza de la máscara con la que protegemos nuestra verdadera personalidad. Ojala que 2018 sea el año en el que la Humanidad se reencuentre consigo misma, se vea tal y como verdaderamente somos, sin tapujos, sin odios, sin miedos, sin fanatismos, sin avaricias, sin egoísmos absurdos... Que sintamos que el prójimo es un reflejo de nosotros mismos, que aceptemos que la Humanidad es un todo del que todos formamos parte y que desparezca para siempre el ellos, para convertirse en un nosotros.

Por pedir que no quede

¡FELIZ 2018!