Domingo, 25 de agosto de 2019

N@vid@d S@lud@ble

Estamos en tiempo de Navidad, época donde se mezcla todo, lo familiar y lo social, las compras y los regalos, el turrón y el mazapán y, donde se dan múltiples oportunidades para consumir; pero también para regalar y practicar la generosidad y, la solidaridad. Se trata de las fiestas más esperadas y deseadas para ver de nuevo a los hijos, nietos y/o familiares; pero también porque supone un descanso vacacional familiar.

El contexto mediático de luces de variadas formas y colores y los adornos que engalanan las calles y los hogares hacen que se fomente la alegría y el ambiente propicio para el fomento del consumo; pero también para los valores humanos como la generosidad y la solidaridad. A este contexto medioambiental y familiar hay que añadir los móviles o smartphone que está revolucionado la Vida hasta tal punto que parece formar parte del cuerpo humano y produce adicción.

Por otra parte, existen algunos riegos para la Salud, los más frecuentes son los excesos culinarios asociados a las matanzas en el medio rural y al contexto dulce Navidad que dan lugar a cólicos y desequilibrios biológicos vesiculares e intestinales que ¨ hacen la pascua al que lo padece¨.

Los riesgos navideños se asocian a excesos con la alimentación y no tienen que ver con el emplatado sino con el contenido en azucares que alteran la glucemia de las personas mayores y de los diabéticos; pero los excesos de mayor gravedad se deben al alcohol, por asociarse a accidentes de tráfico y a desequilibrios emocionales individuales y familiares que ensombrecen el encanto de la Navidad. Es decir, no perdamos el más común de los sentidos, se puede comer y beber de todo; pero con moderación y prudencia. Para prevenir los riesgos graves asociados a los accidentes de tráfico, 33% por exceso de alcohol y/o drogas, conviene que las gentes de buena voluntad y, de buen estilo de vida, no salir a las carreteras por las mañanas temprano porque es cuando regresan a sus casas los conductores de y con los excesos nocturnos.

Sin ser un experto culinario les propongo una Dieta de Pascua que no mejora ni el mejor programa de Master Chef ni un Chef estrellado. La cena de nochebuena debe ser ligera y con algún ingrediente sorpresa que provoque emoción y alegría. El primer plato que abre el apetito, tiene que tener una variedad de ingredientes como indicador de la generosidad y, porque así todos satisfechos. El segundo plato: carne o pescado, da igual, lo importante es la paciencia para comprender más que ser comprendido, escuchar más que hablar e incluso disposición positiva con las mezcl@s familiares. Es decir, con cuñad@s, suegr@s y otr@s especies. Para terminar, un buen postre que favorezca las sonrisas y la satisfacción, ingredientes humanos que favorecen la convivencia y la humanidad. Porque no conviene olvidar que la familia es la célula social más peligrosa que existe porque conlleva un alto riesgo de tóxicos ambientales, conflictos emocionales e intoxicaciones mentales.

En mi opinión, se debe aprovechar el ambiente navideño para compartir el proyecto social y, convivir en la realidad, con o sin dependencia y, sin espejismos lumínicos e identitarios para que nuestra Sociedad sea cada vez más próspera, solidaria y sostenible.

Felices Fiestas y, que disfruten del menú famili@r y, soci@l.

 

JAMCA