Miércoles, 17 de octubre de 2018

La provincia revive sus tradiciones navideñas

Algunas costumbres se han perdido con el paso del tiempo, pero son muchos los pueblos salmantinos que mantienen vivas singulares celebraciones en Navidad como ‘La Horca’ de Valdecarros, ‘El Perrero’ de Nava de Francia o ‘La Robla’ de El Cabaco

Los quintos de Valdecarros celebran cada 28 de diciembre la tradición de "La Horca"

La provincia salmantina mantiene destacadas tradiciones relacionadas con la Navidad. Con el paso del tiempo algunas de ellas se han perdido, pero son muchos los pueblos que en esta época de reuniones familiares y celebraciones congregan a sus vecinos para cumplir con ritos ancestrales marcados tanto por la religión como por la superstición.

Salamanca conserva tradiciones que vienen de una herencia antigua, anterior al Cristianismo, y que nos conectan con las supersticiones. En el marco del solsticio de invierno, el fuego se convierte en el elemento más importante y las celebraciones comienzan en Nochebuena, para continuar en la fiesta de San Silvestre y, en enero, con los fuegos de los quintos. En Puerto de Béjar se mantienen las luminarias, las hogueras de San Sebastián en Ciudad Rodrigo y, también ligado a San Sebastián, el culto al fuego perdura en Sobradillo y La Fregeneda.

Según explica Juan Francisco Blanco, director del Instituto de las Identidades de la Diputación, se han perdido algunas tradiciones en la provincia como el nochebueno, tizón o tronco de Navidad “como superstición”, que consistía en “colocar un tronco de encina que se quemaba un poco en la lumbre de casa en Nochebuena, después se apagaba y se tenía siempre al lado de la chimenea como un tronco sagrado cuyo humo espantaba las tormentas”.

Otra tradición que apunta Blanco es que en la provincia se cree que el día de Nochebuena quedan preñados los frutales, las encinas en el campo charro y en la sierra los castaños y los cerezos, “ese ‘embarazo’ de los árboles frutales se vincula con la climatología, si hiela el día de Nochebuena, será un buen año de frutas”. 

Mascaradas de invierno

A pesar de que si hablamos de mascaradas de invierno nos trasladamos a otras provincias de la región, como puede ser el caso de El Zangarrón de Montamarta (Zamora), Juan Francisco Blanco aclara que en Salamanca también hay este tipo de mascaradas en las que “el empleo del disfraz o la máscara no es imprescindible” y comienzan con el solsticio de invierno y terminan en el Carnaval.

Una de las mascaradas salmantinas más singular la encontramos durante la Navidad en la localidad de Valdecarros, donde cada 28 de diciembre, día de los Santos Inocentes, los quintos celebran La Horca. Al mediodía se forma una comitiva con los quintos y los dulzaineros, llevando a lomos de un burro a dos de los personajes principales, el juez y el reo. En la Plaza Mayor estos se subirán a una escalera apoyada en la pértiga de un carro empinado, donde recitarán los versos, elaborados por los propios quintos, referidos a la actualidad local y nacional.

Cada 31 de diciembre, Nava de Francia vuelve al pasado con su tradicional ‘Perrero’, celebración en la que un personaje vestido con una sotana o un vestido largo y un collar de bogallas que termina en una cruz de madera persigue a los vecinos por las calles del pueblo. Blanco apunta que “esta tradición también comulga un poco de las mascaradas de otros lugares, se parece a las de La Raya de Portugal” y añade que “os perreros eran quienes se encargaban de recorrer todos los rincones de las catedrales para que no hubiera perros en el interior”.

Celebraciones religiosas

Entre las tradiciones con carácter religioso, la provincia cuenta con la ronda petitoria, denominada como aguinaldo o alborada y que tiene lugar en Nochebuena, en la Nochevieja y en Reyes. Los vecinos, principalmente jóvenes o niños, salen a la calle para pedir mientras entonan petitorios o villancicos con panderetas, zambombas o el pujo, que se hacía de la tela de la vejiga del cerdo “al coincidir con el tiempo de matanza”, explica el director del IES.

Entre las primeras fiestas del calendario hay que referirse al Jueves del Turrón, que se celebra en Peñaranda de Bracamonte y se hacía también en Ledesma. Se trata de un mercado en el que el protagonista es el turrón artesanal, aunque la elaboración de este producto ha quedado relegada a La Alberca, cuyas turroneras regresan antes de la Navidad a los portales de San Antonio de la capital salmantina. En cuanto a este típico dulce, no podemos olvidar el denominado ‘turrón de pobres’ o capones que conjugan el higo seco y las nueces y que se sigue consumiendo en los hogares de la provincia charra.

‘Las candelas’ de Ledesma

En Ledesma tienen lugar ‘Las calendas’, una fiesta que se celebra cada madrugada del 23 al 24 de diciembre. Los vecinos comparten dulces en la calle mientras tocan las campanas de Santa María la Mayor anunciando la llegada de la Navidad y antiguamente la de los pastores. Por su parte, Montemayor del Río ha recuperado ‘Los campanillos’, una ronda en la que se tocan cencerros y caracolas en la tarde de Nochebuena Almirez haciendo ruido con cencerros y caracolas en la tarde del día de Nochebuena.

La Misa del Gallo era hasta ahora otra tradición de relevancia en los pueblos salmantinos en la noche de Nochebuena, pero se ha ido perdiendo en parte por la falta de sacerdotes en los pueblos. Juan Francisco Blanco recuerda, por ejemplo, “la magnífica celebración de esta misa en Macotera con los villancicos” y asegura que también se han perdido las ‘pastoradas’, que existen en Valladolid o Zamora, que eran “pequeñas representaciones que se hacían en la Misa del Gallo con los mismos pastores que relataban una serie de frase sobre que había nacido Dios y que hasta no hace mucho sí se hacían”.

Las tradiciones son la marca de identidad que mejor nos diferencia y “sirven con unión del grupo y elemento de cohesión”, apunta Juan Francisco Blanco, quien no se olvida de otras fiestas ligadas a los quintos, a pesar de la desaparición del servicio militar hace ya dos décadas, como ‘La Robla’ en El Cabaco o ‘La Broma’, recuperada en Linares de Riofrío, porque son un “pretexto excelente para que los jóvenes se reúnan”.