Miércoles, 21 de agosto de 2019

Vivir sin prisa

“Tal vez el mejor adorno de Navidad es una gran sonrisa.” Anónimo

Pues sí, hoy algún niño o niña del Colegio de San Ildefonso cantará el Gordo de Navidad, Tal vez ya lo haya cantado. Un sorteo al que todos decimos que jugamos por eso de compartir más que por los premios que reparte y puede que sea así. Un sorteo que lleva ya semanas anunciándonos una chica venida de no sé sabe muy bien dónde para lograr que este año Daniel sea un chico afortunado, no sólo porque lleva un décimo del premio Gordo también porque se queda con la chica y ella lleva otro.

Pues yo lo siento por Alejandro Amenábar, pero su anuncio me parece muy largo y falso aunque aparezca un simpático perro, desde luego es comparable con el de 2014. ¿Se acuerdan? Ese en que el dueño de un bar había guardado a su amigo un décimo y se lo da cuando ya sabían todos que estaba premiado ¿Cuántos haríamos eso? Los 20 segundo del plano en que el dueño del bar entrega el sobre con el décimo premiado a su amigo y este lo abre, es único y genial. Las caras de ambos reflejan honestidad, amistad, generosidad, agradecimiento, reencuentro, todo lo que debiera ser el espíritu de la Navidad y claro, todo eso no se puede comparar con encontrar una chica estupenda venida del espacio, por mucho décimo premiado que tenga. Vuelvan a ver el anuncio de 2014, se lo recomiendo y piensen que sentirían si un amigo tiene ese gesto con ustedes.

Y es que en estas fechas, aunque sean unos pocos días, el espíritu de la Navidad debiera impregnarlo todo. Los guiños humanos, amables y generosos, cobran una especial relevancia porque, como decía Melendi, en estos días todos estamos más tiernos que Winnie the Pooh[i] y eso se nota en el ambiente.

Es cierto que ese espíritu de la Navidad se va adulterando, contaminando por el exceso de luces, adornos, viajes, comidas, gastos, etc.; pero hay cosas que perduran y le dan a todo ciertos sentido como las reuniones con amigos y familiares, las caras de los niños al abrir los regalos de Sus Majestades los Reyes Magos, los belenes y todas esas cosas que nos hacen advertir que vivimos unos días distintos y especiales, tanto si nos toca o como si no nos toca el gordo. Siempre hay cosas que vuelven por Navidad, no sólo el turrón y los que piensan que la Navidad es otra cosa pues que con su pan se lo coman.

En Navidad las emociones emergen, los sentimientos afloran desde esos rincones donde se esconden el resto del año, sonreímos más, soñamos más, compartimos más, nos sentimos más vivos y eso es lo que hace especiales estos días, porque lo que no se siente es difícil transmitirlo.

Mercadillos, recogidas de alimentos, fiestas en las calles, celebraciones colectivas, todo ello cobra sentido en estos días, días en los que no queremos estar solos, en los que nadie debería estar solo, el espíritu de la Navidad nos espolea a compartir.

Así siento la Navidad yo, como un lugar común en el que por unos días es posible convivir en paz, un tiempo en que nos resulta indispensable hacer algo para contagiar a los que nos rodean y así conseguir que sucedan cosas, cosas que sólo suceden cuando eres feliz.      

Hoy para terminar les dejaré con unas sabias palabras de la salmantina Carmen Martín Gaite: “Para mí vivir es no tener prisa, contemplar las cosas, prestar oído a las cuitas ajenas, sentir curiosidad y compasión, no decir mentiras, compartir con los vivos un vaso de vino o un trozo de pan, acordarse con orgullo de la lección de los muertos, no permitir que nos humillen o nos engañen, no contestar que sí ni que no sin haber contado antes hasta cien como hacía el Pato Donald... Vivir es saber estar solo para aprender a estar en compañía, y vivir es explicarse y llorar... y vivir es reírse...” Si tratamos de vivir así incluso sin que sea Navidad seguro que no nos arrepentiremos. Sonrían y Felices Fiestas.

 

[i] Piratas del bar Caribe