Domingo, 18 de agosto de 2019

Recuperar la Solidaridad

«Cuando seguéis la mies de vuestras tierras, no desorillarás tu campo ni espigarás después de segar; se lo dejarás al pobre y al emigrante» (Lev 23,22)

Una reforma financiera que no ignore la ética requeriría un cambio de actitud enérgico por parte de los dirigentes políticos. ¡El dinero debe servir y no gobernar! Exhorto a la solidaridad desinteresada y a una vuelta de la economía y las finanzas a una ética en favor del ser humano...

FRANCISCO, (Evangelii Gaudium, n. 58).

La solidaridad va unida a la dignidad, todo lo humano no nos puede ser ajeno. Somos solidarios cuando no solo compartimos y comprendemos lo que les pasa a otros seres humanos, sino cuando realizamos acciones concretas por los demás y de nosotros mismos. La solidaridad se hace cuando formamos parte, junto a los demás, de la solución y prevención de diferentes problemas que nos propios a los seres humanos.

Las Naciones Unidas dedican el 20 de diciembre a la Solidaridad humana. En la Declaración del Milenio, era uno de los valores esenciales para las relaciones internacionales en el siglo XXI, junto con la libertad, igualdad, tolerancia, respeto a la naturaleza y responsabilidad común. La Declaración, haciendo referencia a la solidaridad, hablaba en estos términos: Los problemas mundiales deben abordarse de manera tal que los costos y las cargas se distribuyan con justicia, conforme a los principios fundamentales de la equidad y la justicia social. Los que sufren, o los que menos se benefician, merecen la ayuda de los más beneficiados. Además está directamente relacionado con uno de los objetivos fundamentales para erradicar la pobreza en el mundo y promover el desarrollo de los países menos industrializados y con menos servicios básicos.

Por lo tanto la solidaridad está directamente relacionada con el logro de los objetivos de desarrollo del Milenio, sobre todo en la necesidad de reducir la miseria y el hambre. Para ello se estableció un Fondo Mundial de Solidaridad, para apoyar diferentes solicitudes de los gobiernos de países en desarrollo y financiar proyectos destinados a aliviar la pobreza, incluso iniciativas de organizaciones basadas en la comunidad y de pequeñas entidades del sector privado.

Sobre el papel, está muy claro la intención de los objetivos del milenio, pero en 2017 cerca de unos 815 millones de personas, casi 20 millones más que el año anterior, siguen pasando hambre y necesidad según el “El informe de la FAO” donde “El hambre aumento por primera vez en casi 15 años”.  Los compromisos adquiridos en los Objetivos de Desarrollo del Milenio de las Naciones Unidas para terminar con la hambruna y la malnutrición de millones de personas en el 2030, hoy parece más difíciles, pero no imposibles sin pudiéramos recuperar una cultura de la solidaridad.

La quiebra de la solidaridad, al menos en Europa, se puso en evidencia con la crisis de los refugiados, el mayor movimiento de personas desde la Segunda Guerra Mundial. Todos hemos sido testigos que la Unión Europea no ha estado a la altura ni en resultados ni en acuerdos para hacerse cargo de estas personas, abriendo una importante brecha política, pero sobre todo se ha puesto en cuestión la solidaridad, como uno de los valores más significativos de nuestra democracias. Una Europa que no ha sido capaz de pasar de las palabras a la acción, en palabras de Sami Naïr, este alud de refugiados sirios, afganos, iraquíes, entre tantos otros, “plantea a las sociedades europeas, a los gobiernos y a la conciencia ética una serie de interrogantes esenciales sobre la solidaridad humana, el respeto a los derechos humanos y la creencia en los principios y valores fundantes de Europa en tanto que comunidad civilizada”. ¿Dónde está la Europa que nació bajo los principios de solidaridad, libertad y entendimiento entre los pueblos?

En esta Europa de los mercaderes no ha solidaridades, no hay reciprocidades, ni afectos, solo los lazos estratégicos del costo y el beneficio. Los miedos a la crisis y la pérdida de bienestar han supuesto una profunda fractura de la solidaridad. Podemos incluir también el individualismo que hunde sus raíces en los valores del mercado y del capitalismo, perdiendo terreno la gratuidad en nuestras relaciones, tanto personales como sociales. Se filtra en nuestra alma el poseer, gozar y ganar, aparentar para no ser menos, entrando de lleno en la sociedad de la simulación y ostentación, dinamizada por los diferentes medios de la comunicación, al servicio del mercado.

La solidaridad deberá ser la actitud básica para hacer un mundo más justo y habitable en nuestras sociedades globalizadas que esconden y olvidan a tantos indefensos. La solidaridad no como simple asistencia a los más pobres, sino como un planteamiento global a todo el sistema injusto en el que estamos inmersos, buscando caminos para mejorar, reformar y defender los derechos más básicos del ser humano. Entendida así, su objetivo es alterar el modo en que se estructuran las redes de relaciones de la sociedad en su conjunto, modificar la atmósfera vital en la que estamos inmersos y así poder explicar la realidad y a nosotros mismos.  Es necesario una nueva cultura de la solidaridad, creando redes comunitarias y, desde ellas ir creando un tejido que visibilice y proteja a los más necesitados y que pueda ser un muro para aquellas lógicas culturales que buscan perpetuarse. Estas redes de solidaridad deberán poner en marcha alternativas económicas, sociales, políticas que muestren luces y salidas a los procesos de exclusión.

José Luis Aranguren animaba a educar en la reinvención de la solidaridad, que nace en la experiencia del encuentro afectante con la realidad del otro herido en su dignidad de persona y que se nos manifiesta como no-persona desde el momento en que es tratado como cosa, como excluido, como un nadie. Para  hacer posible la solidaridad en nuestra cultura globalizada, es también necesario, aprender a mirar el mundo con “ojos abiertos”, desde aquellos que viven y mueren de forma injusta en las guerras, el hambre, la miseria y la violencia. No puede existir cultura de la solidaridad allá donde se prescinda de los más débiles, es necesario desarrollar hábitos donde sea la solidaridad la columna que soporta y da sentido a la convivencia humana. En el rostro del ser humano sufriente y pobre, los cristianos, han querido ver el mismo rostro de Dios vulnerable y necesitado de solidaridad. En estas fechas es un buen momento para empezar.

¡¡¡FELIZ NAVIDAD!!!