Jueves, 29 de octubre de 2020

Carlos Riba

   Suena el teléfono

   Un número largo, prefijo de Andorra.

   Carlos Riba al otro lado.

   Hace 17 años el que escribe estaba dando patadas a un balón por esos lares, el próximo curso Laura irá a Barcelona a estudiar, y Toni ya es un adolescente de 14 inviernos.

   Hablamos de la familia, y sin mencionarlos de quienes nos han dejado. Comer en casa de sus padres era un parque temático de la lengua, un catalán muy cerrado y un castellano de Salamanca, tan rica la comida como el cariño recibido.

   Mi madre habla con Carlos y su rostro se ilumina.

   Hablamos de Evarist, de mi dupla, el mejor compañero que uno puede tener, el que te cuida con sus llamadas y voz entrecortada.

   Hablamos de Gabi, "nos hizo ilusión verle en la tele en el partido Mora Banc contra un equipo italiano", en ese pabellón que tantas alegrías nos dio.

   Hablamos de Cataluña con cierto dolor.

   Hablamos de los jamones de Salamanca.

   Hablamos; ¿Carlos cuando vienes a Salamanca? "Iré antes de morirme, con Clara y los niños"

   ¿Y tú cuando vienes a Andorra? Carlos, yo nunca me fui, sigo allí.

   Carlos es de esas personas que deberían ser eternas, el hermano que un hijo único querría tener siempre a su lado.

 

   Fins ara.