Martes, 11 de diciembre de 2018

La paradoja del mentiroso

“...solamente hemos prestado atención, dicho en términos morales, al compromiso de mentir de acuerdo con una convención firme, mentir borreguilmente, de acuerdo con un estilo vinculante para todos.”
F. NIETZSCHE, Sobre verdad y mentira en sentido extramoral, 1873.

La penúltima alarma que los manoseadores de la realidad han hecho sonar como advertencia para incautos de lo correcto y desavisados consumidores, destinada a sembrar la inquietud y la desconfianza urbi et orbi, ha sido el inicio de una especie de cruzada oficial universal contra la difusión de lo que estos ‘dueños de la Tierra’ han venido a llamar “noticias falsas”.

Conscientes de que el acceso ilimitado y general a las tecnologías de la información, la comunicación y la difusión se ha revelado imparable y amenazadora para sus intereses, los gobiernos, las grandes corporaciones multinacionales, los trusts dominadores de la prensa, los gabinetes de comunicación política, los chuleadores de la cultura y los expertos en creación de estados de ánimo, advierten seriamente a las masas y rebaños de sus votantes, compradores y aplaudidores, contra esas “noticias falsas” que, afirman, pueden hacer creer a la ciudadanía en cosas, hechos, eventos, acontecimientos y una realidad mentirosos, muy diferente a las cosas, hechos, eventos, acontecimientos y realidad que ellos vienen dictando como verdad y creando como cierta desde hace décadas.

Mientras Julian Assange, por el solo hecho de difundir noticias reales e información fidedigna para avisar a la gente de los turbios, corruptos, indecentes y criminales manejos de los gobiernos de todo el mundo, permanece perseguido y encerrado para evitar la venganza de esos mismos gobiernos, en un ejercicio de hipocresía sin parangón éstos advierten de la peligrosidad de la difusión de “noticias falsas”.

Al tiempo que Edward Snowden ha de seguir huyendo y escondiéndose de por vida de las garras “justicieras” de los ‘democráticos’ gobiernos que le persiguen por sacar a la luz las impresentables prácticas de podredumbre  moral y ética (y política y económica) de los llamados ‘servicios de información’ gubernamentales, los encorbatados jefes de esas mismas agencias de información se mesan los cabellos y, sin vergüenza ni reparo, alzan el dedo admonitorio contra esa plaga de difusión cibernética de “noticias falsas” (de los demás), que pueden, afirman, dañar la candidez ciudadana y la sumisión a la “corrección política” que tanto trabajo les ha costado forjar. En el mismo momento en que Hervé Falciani ha de seguir ocultando hasta su identidad para escapar de los tribunales inquisitoriales en que se han convertido para él los juzgados desde que denunció a cientos de miles de funcionarios corruptos, capitalistas evasores, empresarios estafadores, algos cargos prevaricadores o políticos indignos, esos mismos publican preocupados las normas de detección de “noticias falsas” que, aseguran, ayudarán a separar la paja de la falsedad ajena del trigo de ‘su’ verdad.

Ridícula, si no fuese trágicamente vergonzosa e irrespetuosa, esta general ofensiva oficialista contra las “noticias falsas”, que no es otra cosa que un intento de conservar la ‘patente’ de la información, y por extensión, de  esa “verdad” construida por los medios de comunicación ‘tradicionales’ y los gabinetes de prensa de gobiernos, instituciones oficiales y grandes empresas multinacionales, para evitar el creciente cuestionamiento y crítica de decisiones, actos, acuerdos o proyectos cuyo debate público pudiera poner en peligro una situación de dominio, comodidad y reparto para lo que antes se ha llamado el status de ‘los dueños de la Tierra’.

La falsedad se desmonta demostrando la verdad de su contrario. Si la honestidad estuviese presente en lo que decimos, no habría necesidad de advertir contra lo falso. Contra las “noticias falsas” sólo cabe oponer noticias e informaciones tratadas con el absoluto respeto a todo lo que implica la veracidad y la credibilidad: ni manipulación ni manoseo, ni ‘cocinado’ previo interesado, ni edición tendenciosa, ni síntesis reduccionistas...

Noticias que han de tener la adecuada dimensión y proyección, objetividad, independencia, neutralidad, la permanente posibilidad de contraste y, sobre todo, han de contar con el prestigio (en su caso) del emisor. Desgraciadamente, todo esto escasea más en los medios de comunicación y no va a aumentar con dedos admonitorios contra la inconcreción de las “noticias falsas”, ni se va a conseguir con esa barata perversión de usufructo, más bien infantil, de apropiarse gratuitamente de ‘La Verdad’ por el solo hecho de advertir contra ‘La Mentira’.