Sábado, 15 de junio de 2019

¿Es política o es estupidez?

A veces pienso que me estoy volviendo vieja, y no solo porque la niña bonita es una preadolescente desabrida con voz de cazalla, ni porque tengo que asumir que padezco artritis reumatoide y todas las mañanas descubro una articulación nueva que me duele como si fuera vieja... lo digo porque leo cosas que me hacen sonrojar de vergüenza ajena.

No se trata solamente que tengamos un presidente capaz de levantar muros y declarar barbaridades sobre Jerusalén mientras en su país la gente se droga a falta de medicamentos. No se trata solo de peligros nucleares chinos o divorcios a la inglesa. No, se trata de políticos que afirman sin enrojecer que van a ser el próximo presidente de su comunidad, y no la de propietarios, desgracia que, al menos, te toca sí o sí. Se trata de gente que, en vez de aportar soluciones, habla de su novia italiana sin inmutarse.

No me entiendan mal, yo el asunto de las novias y los novios lo tengo más que superado felizmente desde hace muchos años. El asunto es que si yo fuera la alcaldesa de una gran ciudad estaría medio histérica pensando en solucionar problemas en vez de sentarme a soltar intimidades que a nadie le importan.

Pero ahí está la campaña electoral dando titulares. Si este es el nivel de nuestro debate político, mejor lo dejamos y nos vamos a darles a los ingleses lecciones de parlamentarismo cuando resulta que el primer parlamento es leonés. Si es que nos vendemos mal, no lo duden. Y sobre todo, para qué hablar de lo que no se sabe, o contratar asesores incapaces de poner al respectivo un bozal cuando suelta alegremente que le han cambiado el nombre a su calle sabe Dios por qué. Y el por qué es la Ley de Memoria Histórica, ahí es nada.

A veces pienso que el mejor político es el político mudo. Calladito o con bozal. Total, para lo que dicen mejor que posen y ya. Pero no, parece que todos quieren hacerle la competencia a Rufián y decir el próximo titular. Pero ya ven, los titulares tienen que ver con las borrascas o las bodas blindadas, las barrabasadas de Trump o los iraquíes en plan festivo porque dicen que se han cargado al ISIS.

Ya ven, por eso les digo que yo me estoy volviendo una vieja decrépita, porque a pesar de saber que el número de insensatos es infinito, sigo escandalizándome cuando leo según qué cosas tales como que no se puede bailar en un mitin mientras haya políticos presos o la última estupidez, presos políticos.

De todas formas ¿A este nivel han llegado los mítines políticos? Y todo sin citar las postverdades catalanas que son el triunfo de la estupidez en letras de molde. Pero ya ven, a mí me pasa como a Ferlosio, el asunto me parece más aburrido que un partido cero a cero. Y es que hay que oír y leer a quién sabe, y no a quién quiere dar la nota. La nota desafinada, insisto yo. A este paso me voy a dedicar a escuchar al perro de enfrente, que ladra con un tono que no deja lugar a dudas. Lo suyo es vigilar la calle y recordarle a quien pasa bajo su balcón que él está de guardia. Eso sí que se llama coherencia.

Charo Alonso / Fotografía: Fernando Sánchez Gómez.