Sábado, 24 de agosto de 2019

Recuerdo solidario

Si la distancia ahoga el grito de la sangre, no es posible el milagro de la resurrección.

A personas que sufren la locura irracional de vesánicos matarifes, sin otra opción de supervivencia que abandonar su casa huyendo de la pólvora exterminadora y el plomo ciego, enlodados en cieno con el colchón a cuestas, hijos en brazos, corazón destrozado, encogido dolor y alma rota, sin delito alguno cometido ni causa que justifique su desdicha, enviamos un recuerdo desde la inalcanzable tierra de promisión. 

También a los seres humanos sin protección social ni asistencia sanitaria, empleados en extraña tierra para realizar esfuerzos que sólo a ellos se les pide, les acompañamos solidariamente en su doliente soledad, mientras realizan detestables tareas rechazadas en muchos casos por quienes piden su expulsión alegando injusta competencia y hurto laboral.

A los que se hacinan en Centros de Internamiento para extranjeros, “guantánamos”, en muchos casos, sin las más elementales condiciones de habitabilidad, que sienten en sus carnes el injusto arponazo del racismo y el mordisco de la xenofobia por cometer el delito de querer liberarse del hambre y la miseria, les hacemos llegar una palabra amiga.

Nadie se juega la vida en una patera para hacer turismo. Nadie cruza el estrecho o el Atlántico en la bodega en un barco, si no es para sobrevivir. Nadie altera sus costumbres y cultura, si la hambruna no llama a la puerta. Nadie abandona su familia para refugiarse en la soledad de una habitación decorada con fotos de los que ama y paisajes de su tierra.

A  los dolientes refugiados desarraigados de su espacio natural y a los inmigrantes, enviamos un recuerdo con voz de ánimo, estrecho abrazo y mano amiga, que solo aspira a consolar su destierro con sonrisa de bienvenida, quienes gozamos de privilegios inalcanzables para ellos, pretendiendo aliviar nostalgias infantiles de fiestas navideñas en solitaria isla personal, lejos de su patria, su gente, su cultura y sus tradiciones.