Miércoles, 23 de octubre de 2019

Luz de Felipe Boso

Felipe Boso, "Corrrespondencia 1969-1983"

Cuántas cosas pasan desapercibidas entre nosotros, sobre todo las que tienen que ver con la cultura y con las producciones espirituales. Es como si no nos interesaran, como si no tuvieran que ver con lo que nos importa.

Decimos esto a propósito de un libro, importante, que acaba de aparecer del poeta vanguardista español Felipe Boso (seudónimo de Felipe Segundo Fernández Alonso, que naciera en la localidad palentina de Villarramiel, en 1924; y falleciera, en plena madurez, en tierras alemanas, en 1983, a la edad de 58 años).

Tal libro de Felipe Boso lleva el título de ‘Mi jaula es una celda (Correspondencia, 1969-1983)’, acaba de aparecer, en el sello santanderino Ediciones La Bahía, vinculado con el importantísimo “Archivo Lafuente”, de poesía experimental española.

Se ha encargado de la edición, selección y prólogo el poeta e investigador cántabro Juan Antonio González Fuentes, que ha realizado una labor paciente y minuciosa (tengamos en cuenta que estamos ante una obra de 985 páginas). Y estamos, indudablemente, ante una importante obra para documentar un territorio no muy bien conocido de la poesía española contemporánea: la llamada poesía visual o experimental, en su período de nacimiento y consolidación, que iría desde 1963, en que suele situarse el inicio de tal tipo de poesía en España, hasta 1983, año de la muerte de Felipe Boso.

Afortunadamente, cada vez se va documentando y conociendo mejor el fenómeno de la poesía experimental en España. Ahora, con este extensísimo y fascinante epistolario de Felipe Boso, contamos con una herramienta más, de una gran importancia, en este caso, para abordar este tipo de poesía en nuestro país.

La obra poética experimental (y buena parte de la vida) de Felipe Boso se desarrolló en Alemania, donde residió desde 1955 hasta su muerte, ya que allí, en Bonn, conoció a la joven alemana Antje Reumann (que terminaría siendo fiscal de profesión), con la que contraería matrimonio ese mismo año, fruto del cual nacerían tres hijos (Cristina, Diego y Guillén). Y hemos de decir ya que la figura de Antje Reumann (fallecida el pasado marzo) ha sido clave en la preservación y difusión de la obra que dejara Boso.

Este extraordinario epistolario –“Mi jaula es una celda (Correspondencia, 1969-1983)”– traza una suerte de mapa, de cartografía sobre las principales figuras, movimientos, grupos, revistas, publicaciones, encuentros, acciones, acontecimientos… de la poesía experimental española, de la que Felipe Boso es –ahora ya se reconoce así, por parte de críticos y estudiosos– uno de los autores decisivos.

Pero también es –y este rasgo nos interesa sobremanera– una suerte de fe de vida, de implícita autobiografía, de memoria personal de un poeta-isla (su segunda obra publicada se titula, curiosamente, “La palabra islas”), que crea su obra fuera de grupos y en ese territorio del afuera (¿de exilio también?) que para él fuera Alemania.

En algún momento indica –nada menos que en carta dirigida en abril de 1971 a Elías Canetti, Premio Nobel de Literatura–: “a principios de marzo tuve que trasladarme a España para asistir al entierro de mi padre. … Y volví –como siempre que vuelvo de España– desquiciado del alma y del cuerpo. Castilla, mi tierra, es tan áspera y tan dura. Sobre todo es mi tierra, mía sin pertenecerme ya. Más bien yo soy de esa tierra, yo le pertenezco. Eso es el exilio.”

No podemos abordar sino de un modo desgraciadamente muy general la referencia a este importante libro de un poeta castellano de proyección internacional. Pero no queremos que un hecho cultural de importancia para nuestra poesía experimental pase desapercibido entre nosotros, como tantas cosas pasan.

Tal es la función de las presentes líneas.