Martes, 29 de septiembre de 2020

Desafíos, oportunidades

Nunca es fácil decir adiós a un compañero de la infancia, a un amigo de todos.En mi cabeza vuelvo a jugar con José Manuel Blanco en el patio del colegio a la pelota, como hacíamos siempre. ¿Cómo volver a aquel tiempo en que éramos niños, llenos de vida? Dejamos nuestra infancia atrás, olvidando muchas cosas de ella y guardando otras como recuerdos. Qué injusta es la vida a veces, y qué puñetera la enfermedad del cáncer, que nos arrebata la salud, incluso la vida, de gente a la que queremos.

Este mes ha sido de reflexión, cargadito de incertidumbres y nubarrones, de esas ocasiones en las que ves un futuro no incierto,pero sí nublado. Hay un dicho “si algo tiene solución para que preocuparse, (céntrate en solucionarlo) y si no la tiene, para qué preocuparse (acéptalo y sigue adelante)”. Dar demasiadas vueltas a las cosas consume una gran cantidad de energía. Las preocupaciones nos preparan para la acción, para tener en cuenta las posibles consecuencias, valorar pros y contras, ser precavido. Hay que tomar decisiones y muchas veces es mejor dar un paso hacia atrás, para tomar impulso, para hacerlo con ganas y con energía. Quiero pensar que quizá simplemente damos un paso hacia atrás con el único fin de bordear un obstáculo que en principio no nos deja continuar. Yo lo veo como todo gran corredor que necesita tomar aire para poder seguir su carrera. Así ha sido este último mes, esto es lo que nos ha traído. Entre otras muchas cosas, claro.

Dice un proverbio chino que “cuando soplan vientos de cambio, unos construyen muros, mientras que otros construyen molinos”. Por tanto, los desafíos hay que verlos como oportunidades, no busquemos entonces protegernos y resguardarnos bajo la aparente seguridad de un muro, planteemos cómo aprovechar el viento con aspas, velas, rotores o cualquier tipo de ingenio.

Últimamente os voy relatando algún que otro cuento, de esos que me hacen pensar; en esta ocasión os quiero contar uno que escuché cuando asistía a esas reuniones mensuales que tenía en “Utopía Leonardo” con el amigo Fernando ¡todo un crack!, una persona que sabe cómo cargarte las baterías. Pues bien, en esta ocasión trata del viaje de un maestro samurái y su discípulo a su monasterio. Durante el trayecto, son acogidos una noche en una humilde casa en que vivía una pareja con sus tres hijos. El maestro preguntó al padre de familia: “En este lugar, donde no existen posibilidades de trabajo ¿cómo hacen para sobrevivir? El señor le respondió: “nosotros tenemos una vaca que da varios litros de leche todos los días. Una parte la vendemos o cambiamos por otras cosas y con la otra producimos queso, cuajada, etc. para nuestro consumo. Así es como vamos sobreviviendo”

Al día siguiente, se despidieron y agradecieron su hospitalidad, pero antes de irse el sabio ordenó al discípulo matar a la vaca tirándola por el barranco. El joven, espantado, miro al maestro y le respondió que la vaca era el único medio de subsistencia de la familia. El maestro permaneció en silencio y el discípulo fue a cumplir la orden. Aquella escena quedó grabada en la memoria del aprendiz.

Con el paso del tiempo, el aprendiz decide abandonar el monasterio y regresar a aquel lugar. Quería confesar a la familia lo que había sucedido, pedirles perdón y ayudarlos. Según se aproximaba al lugar, se sorprende de lo bonito que está todo, árboles floridos y una bonita casa con un coche en la puerta. Al llegar a la casa, su sorpresa fue encontrarse a la misma familia y preguntó “¿Cómo ha hecho para mejorar este lugar y cambiar su vida?” El señor entusiasmado le respondió: “Nosotros teníamos una vaca que cayó por el precipicio y murió. De ahí en adelante nos vimos en la necesidad de hacer otras cosas y desarrollar otras habilidades que no sabíamos que teníamos. Así alcanzamos el éxito que puedes ver ahora.”

¡Aprovechemos el viento como oportunidad para construir molinos!