La película

Todos tenemos nuestra película, ¿quién no? Por lo tanto, es un poco pretencioso por mi parte pretender que haya una película, por encima de todas las demás, que a todos pueda gustarnos, que nos represente. Pero me atrevo a decirlo ahora mismo, cuando “Casablanca” acaba de cumplir 75 años. ¿Quién no la tiene en el recuerdo, quién no la ha visto varias veces, quién no ha memorizado alguna de sus esplendidas frases, quien no retiene en su retina escenas inolvidables? Por eso creo que no es injusto hablar de ella como de “la película” porque en la misma se concentran todos los valores que hacen grande al cine: desde la pasión al romanticismo más puro, desde el sacrificio a la traición, desde la melancolía al entusiasmo. Todo está en “Casablanca”. Así que permítanme que desparrame alguno de mis sentimientos hacia la que para mí es la mejor película de todos los tiempos y creo que seguirá siéndolo durante muchos años.

Me llama la atención que fuese una película de la que sus productores no esperaran gran cosa. De hecho se hizo en poco tiempo, dos meses, con la intención de manufacturarla como mensaje patriótico en plena segunda guerra mundial, y se estrenó antes de tiempo porque Casablanca había pasado a manos de los aliados y se quería aprovechar el tirón del momento. También me sorprendió saber que los actores elegidos en un principio no eran Bogart e Ingrid Bergman sino Ronald Reagan y Hedy Lamarr. ¿Se imaginan ustedes en el papel de Humphrey Bogart al que años más tarde fuera presidente de Estados Unidos? Menos mal que fallaron los planes iniciales porque con Reagan “Casablanca” habría sido otra cosa y nos habríamos quedado sin la gran película romántica en que se convirtió. Una vez más se confirma lo insustituibles que son ciertos actores en algunas películas: ¿alguien ve a otro protagonista que no sea Clark Gable en “Lo que el viento se llevó”? Es verdad, los directores son la pieza maestra de cualquier film pero los actores, en ciertas ocasiones, son imprescindibles.

¿Qué me parece propio de una obra maestra en “Casablanca”? Sobre la superficie, la película es una sencilla historia romántica: un viejo amor con el que nos reencontramos, ha pasado mucho tiempo e inesperadamente vuelven a verse, pero todo ha cambiado, sin embargo los rescoldos permanecen, y todo se desencadena. A ello añadamos el momento político: nazis contra demócratas, y una ciudad que es una isla en aquel momento, Casablanca. Con estos materiales, que en otras manos habrían generado una más y elemental historia romántica, Michael Curtiz arma un producto complejo, como sucede con otras obras maestras cuyo punto de partida es sencillo pero que se hacen complejas por el tratamiento y el punto de vista. En este caso pienso que dos son las grandes aportaciones de Casablanca: el amor, cuando llega, es único y lo demás son buenas amistades, nunca se olvida el gran amor, te hiere para siempre, qué le vamos a hacer, y en cualquier momento puede volver; la otra es el sacrificio por las causas nobles, y aquí es la lucha contra el totalitarismo, hasta el amor puede sacrificarse en aras de la libertad. Estas dos grandes ideas se sirven con una belleza espectacular en casi todas sus escenas. El blanco y negro no la perjudica, la engrandece.

Y no quiero olvidarme de alguna de sus memorables frases.Cinco, entre muchas, seguro que las conocen: “Siempre tendremos París”, “El mundo se derrumba y nosotros nos enamoramos”, “¿Cuál es su nacionalidad? Soy borracho”, “Dispénsenme caballeros. Lo de ustedes es la política. Lo mío, dirigir este local” “Presiento que este es el comienzo de una hermosa amistad”. ¿Mejorables? Evidentemente, no.

Así que, no dejen de volver ustedes a “Casablanca” Yo lo hago periódicamente y nunca me defrauda. Pensar en un amor que nunca se olvidará, pese a todo, y en el idealismo de renunciar a él al servicio de una gran causa, me confirma en la idea de que la vida es apasionante y siempre inesperada. Haber pasado por este mundo merece la pena.

Marta FERREIRA