Martes, 18 de diciembre de 2018

“…la imaginación no te salvará de la vida, pero te ayudará a lidiar con ella”

El escritor gaditano afincado en Berlín presentará mañana miércoles a las 19.30 horas, en la librería Letras Corsarias, su última novela, ‘Las tres muertes de Fermín Salvochea’

Jesús Cañadas estará en Salamanca mañana miércoles / FOTO: FERNANDO MONGE

Hablar de literatura fantástica en nuestro país no es habitual, para que vamos a engañarnos, tiene sus seguidores, muchos, pero como si de una secta se tratase, se comunican entre ellos y me temo que piensan a veces con razón que los “Escritores” que no se dedican al “género” los ningunean…Todo esto parece que está a punto de cambiar o ya ha cambiado, vaya usted a saber, dadas las críticas que acompañan el último libro de Jesús Cañadas a ver quién se atreve a ponerle peros.

Las tres muertes de Fermín Salvochea


“Probablemente la mejor novela de género del año y una de las mejores que he tenido oportunidad de leer en mucho, mucho tiempo.” Es uno de los titulares sobre su novela, le digo otro: “Cñadas es el actual amo de los horrores en la literatura española”… Y podría añadir muchos más, debe estar usted casi en el Paraíso, aunque hablando de su literatura no sé exactamente donde quedaría el paraíso.

A todo el mundo le gusta que le regalen los oídos, pero hay que intentar tener los pies en la tierra. Se puede decir lo mismo de muchas novelas de género que se han publicado este año. 2017 está teniendo una cosecha espectacular: Laura Fernández, Sergi Puertas, Guillem López, Ismael Martínez Biurrun, Sofia Rhei, Marc Pastor... y eso sólo hablando de gente de mi generación. No sé qué astros se han alineado, pero últimamente salen obras buenísimas que están llegando al gran público y dejando a mucha gente boquiabierta.

Es ingeniero técnico en informática por la Universidad de Cádiz, licenciado en documentación por la Universidad de Granada  así como máster en gestión cultural por la Universidad de Deusto, la Universidad de Gotinga y la Universidad de Osaka., nace en 1980, vive y trabaja en Berlín y ahora va y cuenta una historia en un Cádiz siniestro y oscuro, con circos de horrores, burdeles, conventos, monstruos humanos, niños curiosos, padres imperfectos y un alcalde anarquista y vampiros, muchos vampiros

Supongo que se me está pasando la wanderlust, que es una palabra muy elegante para denominar lo que mi madre llamaría picor de culo. Ya ha dejado de picarme el culo y se me han pasado las ganas de cambiar de ciudad cada seis meses. Ahora me apetece volver al Cádiz que me vio nacer, por eso le he dedicado una historia con los rasgos que siempre me han engatusado: misterio, aventura, unas gotitas de miedo, un punto gótico, suspense, una pizca de elemento sobrenatural... el resultado es Las tres muertes de Fermín Salvochea.

Para los no iniciados díganos en pocas palabras de qué va el libro, quién era Fermín Salvochea…

Fermín Salvochea fue y sigue siendo una institución en Cádiz. Fue un alcalde anarquista durante la Primera Republica. A pesar de venir de familia adinerada, se le recuerda por ponerse de parte del pueblo llano frente a los desmanes de la banca, la nobleza y la iglesia. En Cádiz se le recuerda como un un George Washington; puro material de leyenda. ¿Cómo no dedicarle una novela?

Las tres muertes de Fermín Salvochea empieza con su entierro. Sebastián, el verdadero protagonista de la novela, va a ver el entierro con su padre, Juaíco. Entonces Juaíco decide contarle a su hijo la verdadera historia del alcalde. El problema es que Juaíco es un mentiroso, un borracho y un vividor. Y Sebastián no se cree ni media palabra de la historia fantasiosa que le cuenta... hasta que el cuerpo de Salvochea desaparece. A partir de ahí, Sebastián y sus amigos empiezan a investigar para averigüar qué hay de verdad tras los embustes de Juaíco... y a mí me da pie a todo lo que mencionabas antes: circos de horrores, burdeles, conventos, monstruos humanos... imagínate lo bien que me lo he pasado escribiéndola.

Dígame por favor cómo vamos a volver a pasear tranquilos por Cádiz después del miedo que nos ha metido en el cuerpo?

Curiosamente, la mayoría de los lectores me están diciendo que la novela les ha dado unas ganas tremenda de visitar Cádiz. Será que en el fondo nos encanta que nos metan el miedo en el cuerpo. A ver quién se atreve a internarse en el Callejón del Duende a las dos de la mañana o de acercarse a Sanatorio de Capuchinos cuando la niebla sube del mar...

Esta es una historia que cabalga entre dos mundos, en realidad no podría decir si dos o más, donde la fantasía más mágica y tenebrosa se mezcla con un retrato de la época igual de mágico, igual de terrorífico y donde viven, ilustres personajes, curas, monjas, mujeres bellísimas, mujeres adelantadas a su época, borrachos lúcidos, mujeres apaleadas, hombres que no merecen serlo, niños curiosos, torres que aparecen y desaparecen, una especie de novela total, de mundo o distopia como se dice ahora perfecta

La novela tiene muchas lecturas. Hay quien prefiere leerla como un folletín, una novela de aventuras decimonónica en un Cádiz que nunca existió. Hay quien ha visto una lectura política. Una lectora me habló de una reinvidicación de la dignidad y la fortaleza femenina en una época en la que el mundo entero estaba empeñado en hundir a las mujeres a base de golpes, tanto físicos como simbólicos. Otros me han contado que lo que más les ha llegado es la relación de Juaíco y Sebastián, de ese hijo que tiene que hacer las paces con la imagen que tenía de su padre. Y a otros les gusta la acción, la aventura, el misterio.

Supongo que una novela es muchas novelas, tantas como lectores y lectoras se acerquen a ella.

Nunca dudó de que creernos un Cádiz así no sería fácil: una ciudad embrujada, que va devorando a sus gentes, donde en cada esquina hay un misterio más terrorífico y donde el mar solo llega a través de la espuma, en medio del terror absoluto.

Era uno de los desafíos de la historia: traer oscuridad a un sitio como Cádiz. La gente asocia mi ciudad con luz, playa, pescaíto frito y chirigotas. Pero Cádiz es mucho más que eso. Muchísimo más. En su día fue un puerto importante, tanto de entrada al mediterráneo como de salida a las américas. Gente de todos los rincones de la tierra pasó por mi tierra y dejó un trozo de sí, a veces en forma de historias. Si antes te decía que Salvochea es casi un ser de leyenda, desde luego no es la única leyenda. Hay suficiente material en Cádiz para crear, como me señaló Félix J. Palma al leerla, una mitología del sur. Eso es lo que he intentado. Si he tenido acierto o no, lo dejo a manos de los lectores.

Y de verdad tenía que maltratar así a los niños, yo no voy  a perdonarle lo de uno de ellos, (no digo quién ni qué para no estropear el misterio), no tuvo dudas de que eran muy duros algunos pasajes de los críos…

Hay pasajes duros porque la vida de un niño en el XIX era de todo menos fácil. Y ni siquiera hay que irse tan lejos. Mi padre y mi madre pasaron hambre y no pudieron ir al colegio. Flaco favor le habría hecho a la novela si hubiera tenido concesiones con los niños. Además, para eso está el papel de la fantasía. Los niños se debaten entre creer o no en las historias fantásticas de Juaíco porque, como dice una de ellos, “si no creemos, la vida es una porquería”. Y es verdad. Yo estoy convencido que la imaginación no te salvará de la vida, pero te ayudará a lidiar con ella. Probablemente esa idea haya permeado en la novela.

De su anterior novela Los nombres muertos dijeron “Si el género fantástico tiene alguna posibilidad de convertirse en el nuevo fenómeno de consumo al estilo del boom de la novela negra, será gracias a novelas como esta, digamos que con esta, con Las Tres muertes… ha aprobado el Master con matrícula de honor.

Muchas gracias. No me corresponde a mí decir si he aprobado o no. De momento he tenido la suerte de que grandes editoriales han decidido apostar por las cosas que escribo y que todo tipo de lectores se leen mis libros. Creo que lo más honesto que uno puede hacer es escribir las historias que lo emocionen y cruzar los dedos hasta de los pies por si emocionan a alguien más. Y esa es la única definición de talento que se me ocurre.

Dibujar, tantos personajes, darles vida, apariencia, una personalidad, no debe haber sido fácil, son un abanico inmenso

No fue fácil en absoluto, pero fue una decisión consciente. En la novela hay muchos personajes porque en Cádiz hay muchos personajes.

Una de las reglas de oro de la narrativa es la economía: si puedes contar una historia con cinco personajes, no metas quince. En Las tres muertes de Fermín Salvochea tiré esa regla a la basura. Quería hacer realidad esa idea tan manida de “la ciudad es un personaje más de la novela”, y eso se hace a través de sus habitantes. Quería que el lector tuviera la impresión de que podría seguir dos o tres capítulos a cada uno de los personajes que aparecen en la novela. Dar la sensación de que cada personaje es el protagonista de su propia novela y todas se cruzan en un mosaico cuyo centro es Fermín Salvochea y cuyo motor son estos niños metidos a investigadores paranormales para olvidar cómo los trata la vida.

Cuánto tiempo le ha llevado pensar escribir y dar por finalizado el libro.

Empecé a escribirlo en septiembre de 2014 y puse punto y final al manuscrito en enero de 2016. Luego vino la etapa de las correcciones, a la que suelo dedicar muchísimo tiempo. Intento que cada palabra tenga un peso específico en el libro. Por ponerte un ejemplo, no me gusta demonizar al adverbio o al adjetivo. Sólo hay que saber usarlos. Lo que yo creo es que el tópico es falso y que ni mil imágenes valen lo que una palabra. Eso sí, tiene que ser la palabra justa. Y encontrarla lleva tiempo.

E Imprimirle ese ritmo frenético y adictivo cómo lo ha hecho, porque a veces creo que hubiera sido fácil perderse o despistarse un poco y da la impresión de que maneja su novela con mano de hierro.

Ídem. La mano de hierro se consigue con trabajo, trabajo y más trabajo. Creo que fue el escritor Lev Grossman quien dijo “el escritor tiene que permitir que su primer borrador sea una mierda”. Y es verdad. Hay un largo camino entre la historia recién escrita y la historia terminada. Aquí la metáfora habitual es la de la escultura. No empiezas tallando uñas en un bloque de piedra. Empiezas esbozando una figura vagamente humana y vas perfeccionado, descendiendo el nivel de detalle. Con una novela es igual.

Es un estupendo narrador, maneja el lenguaje con rigor, se preocupa de los detalles, Cádiz sigue dentro de usted y sin embargo no le van a quitar la etiqueta de “fantástica” a su literatura y ya sabe para qué sirven las etiquetas y el daño que hacen a veces.

Me da igual, la verdad. No existen fórmulas del éxito, pero hay docenas de fórmulas para el fracaso. Una de ellas es preocuparte por qué etiqueta le pondrán a tu libro. Ya que llevamos toda la entrevista hablando de la imaginación, me imagino que la mejor etiqueta que le podrían poner es la de “buen libro”. Pero eso no lo controlo yo.

Cree que goza de buena salud hoy, ahora el género fantástico en España como libro, como novela, comics y audiovisuales aparte.

El género fantástico goza de una salud estupenda menos en literatura. Hoy en día la fantasía se expande por toda la ficción que consumimos, desde Star Wars al cine de superhéroes a Juego de Tronos a Stranger Things o a It, por no mencionar videojuegos o comics. Está por todos lados y todo el mundo lo acepta, excepto en libros. La literatura es la última frontera. Me encantaría saber cómo se derrumban los muros que ya han caído en otros formatos, pero la única respuesta que tengo es: haciendo libros excepcionales. Ojalá Las tres muertes de Fermín Salvochea fuera uno de ellos, pero eso lo decidirán los lectores.

Y si le pregunto por un maestro.

Con Bradbury no se equivoca uno nunca.

En que anda ahora, además de en reconciliarse con Cádiz presiento.

Terminé hace unos meses una novela juvenil que está ahora mismo haciendo el baile de las editoriales. Espero tener noticias pronto. Y este verano he empezado un thriller con fuerte componente sobrenatural, mucho más duro que Las tres muertes de Fermín Salvochea. Esta vez me he ido a mi segunda casa: la ciudad de Berlín, donde vivo actualmente.

Charo Ruano