Sábado, 18 de agosto de 2018
Ciudad Rodrigo al día

El crimen del bosque

Si en esta pequeña ciudad existiera un movimiento verde, ecologista o comprometido mínimamente con el medio ambiente (...), el crimen no se hubiera perpetrado

Es curioso, pero mientras algunos protestaban por el (presunto) crimen ecológico de Retortillo, pasó por aquí el séptimo de caballería motorizada dejando a su paso un paisaje absolutamente desolador que tardará años en regenerarse para vergüenza y oprobio de aquellos que lo fomentaron y permitieron. Es tan  lamentable que ellos mismos saben que han metido la pata hasta las trancas, incluso en unas tierras donde sus habitantes muestran un comportamiento tan aborregadamente sumiso el crimen no ha pasado desapercibido. Pero es sólo cuestión de tiempo y la panda de tala-árboles  ve con alivio acercarse el carnaval como cloroformo de la vida y opinión de un pueblo que ya no tendrá otras preocupaciones.

Si en esta pequeña ciudad existiera un movimiento verde, ecologista o comprometido mínimamente con el medio ambiente  y si las personas que por preparación e ideales no hiciera ya tiempo que han desistido por cansancio e incomprensión, el crimen no se hubiera perpetrado, como tampoco se hubiera pasado por alto las tropelías que se están cometiendo en los últimos años, sobre todo, en los márgenes de un río que ya no tiene el aspecto natural y salvaje que tuvo y que algunos recordamos.  No es sólo la tala de árboles salvaje e indiscriminada, es una actuación, acción u omisión continua e incesantemente devastadora. Desforestaron sin contemplaciones el tramo entre la pesquera y el puente viejo. Ahora nos parece normal, algo tan denunciable desde el primer momento, como es el poder estacionar los vehículos motorizados en el espigón entre el Canal de la Concha y el propio rio justo al pie de un puente de origen medieval y traza renacentista. Vergonzoso.

Luego está la plataforma Riberas del Águeda, a este paso su nombre va a carecer de sentido, cuyo presidente ha de hacer malabares entre lo que le dicta su partido para denunciar el crimen, pero que a su vez no ha cejado ni un minuto en pedir y conseguir  limpiezas forestales  indiscriminadas en regatos, riberas y ríos sin ningún miramiento  de la fauna salvaje y acuática que habita en esos espacios. Eso tiene un nombre y es cinismo. Él y otros personajes  a su alrededor  se han marcado como objetivo primordial de sus vidas, convertir lo que en su día fue un espacio natural bellísimo en un triste e insulso canal por donde apenas  trascurre un hilo de agua. ¿Es que no hay ya dos pantanos aguas arriba que regulan el cauce del rio y que impiden cualquier amago de peligro por riada e inundación? ¿Qué oscuros intereses se esconden detrás de estas perversas reivindicaciones?

Si de limpiar se trata les aconsejo que limpien los márgenes del rio a su paso por la ciudad, pero de basura generada por los humanos, que la hay. Limpien los márgenes de las vías de entrada que dan acceso a nuestra ciudad, que dan pena. Limpien sus pensamientos.

Pedir la dimisión de la panda de tala-árboles  es una limosna inútil, pero como no hay mal que por bien no venga, espero esto haya sido el detonante para que las personas de bien se rebelen y pongan coto a sus ensoñaciones y tropelías a costa de un patrimonio natural que ya sufre las consecuencias del cambio climático y al que sólo le faltaba que sea agredido, mas si cabe, por aquellos encargados de preservarlo.

Resumiendo. Hasta aquí hemos llegado.

Jesús Cid