Los platos rotos no son simbólicos

Por más que lo intento, no soy capaz de desengancharme del conflicto catalán. Me gustaría pensar en otra cosa, pero confieso que me es imposible. Cada mañana espero en vano que los periódicos anuncien la sincera “conversión” –acompañada de confesión—de la tropa secesionista, pero siempre me quedo con la gana. Cuando parecía que con la aplicación del famoso artículo 155 podíamos comenzar una etapa de tranquilidad y, sobre todo, de vuelta a la normalidad, resulta que seguimos sin saber quién está diciendo la verdad y quién miente –bueno, esto es más fácil de adivinar- Los responsables del entuerto se distribuyen en tres grupos: los que se encuentran internados en cárceles madrileñas, los que, tras abonar la correspondiente fianza, han salido de ellas, y, por último, los que, en un alarde de valentía y responsabilidad, han huido a Bélgica intentando sustraerse al peso de la justicia.

 Los primeros están tan convencidos de su próxima excarcelación que no dudan en colocarse en las listas electorales de sus respectivos partidos políticos. Los que ya han abandonado la prisión, abonando cantidades irrisorias y abjurando de todas sus alucinaciones independentistas, piensan que han adquirido los suficientes atenuantes como para no preocuparse de su futuro penal. Los de la excursión a Bruselas son los que lo tienen peor. Por su poca cabeza y su mucha cara dura, todo parece indicar que no saben qué hacer. La capital de la UE los ha dado la espalda desde el primer día. Todos los intentos del noi de Amer, en su afán de internacionalizar el caso catalán, han pinchado en hueso, y el peso político de los únicos personajes que se han compadecido de él no favorece en nada su causa. Sin suficiente información para saber quién y de dónde se sufragan los gastos de los desertores de Cataluña, yo pienso que el desembolso final puede ser muy cuantioso, porque no se han parado en barras a la hora de contratar abogados ni de buscar alojamiento. Sabedores del poder interventor que se desprende de la aplicación del 155, quiero creer que, antes de emplear fondos de reptiles, se lo pensarán dos veces; aunque sigo teniendo mis dudas. Toda esta maniobra secesionista, que comenzó con el capo Pujol –que, más que honorable, ha resultado ser el mayor chorizo que ha dado Cataluña--, y continuó con su sucesor, Arturo Mas, le ha costado al Erario español, es decir, a Ud. y a mí, muchísimos millones de euros, esfumados sin control en operaciones de dudosísima legalidad. Y por lo que está apareciendo en los medios, la sangría continúa.

La familia Pujol Ferrusola, por inverosímil que parezca, no está toda ella en prisión; el ex presidente Mas acabará pagando lo malversado en cómodos plazos aportados por ¡vaya Ud. a saber quién!; y todos los responsables del último golpe de Estado parecen haberse olvidado de que, además de lo malversado, deberán responder del inmenso quebranto económico que se ha derivado de su sueño independentista, tanto para Cataluña como para toda España. Ahora que contemplan su próximo enjuiciamiento, no tienen reparo en mentir descaradamente alegando que lo suyo ha sido una broma, vamos, que todo ha sido una actuación teatral y simbólica. Ya sé quién dicen, pero no ha venido. A otro perro con ese hueso. Sólo hay que escuchar sus declaraciones cuando se mueven entre los suyos. Ni una palabra de arrepentimiento, ni una promesa de no volver a intentarlo. Cuando sean juzgados ¿se tendrán en cuenta todas las responsabilidades? Quiero pensar que, a juzgar por el inmenso daño que están causando, y por el desprecio y bravuconería conque han desoído las resoluciones judiciales y los dictámenes de los asesores oficiales, los tribunales que juzguen sus casos serán menos pusilánimes que algunos políticos. Todos los implicados en el golpe de Estado del 1-O, ni están arrepentidos ni han asumido su cese, y ya están pensando qué deben hacer para no volver a fracasar, si pueden formar gobierno a partir del 22-D. Todo eso sería muy legal si previamente han cumplido todas sus responsabilidades penales y políticas. Ya está bien de bromas “simbólicas”. Todavía no han sido juzgados y ya están preparando la próxima campaña a base de mentiras y amenazas. Se ve que han acatado el 155 “por imperativo legal”. Pues lo que hace falta es eso, aplicarles la ley por imperativo legal.

Se ve que nuestro sino es contemplar cómo una reata de corruptos y ladrones desfilan desde los juzgados a las cárceles, envueltos todos en la más absoluta insolvencia, y dejándose despellejar antes de devolver un solo euro. Por las cantidades sustraídas o defraudadas por algunos, habría multitud de españoles dispuestos a correr su misma suerte. Si todo lo defraudado, malversado o robado, hubiera sido restituido, España sería el paraíso de Europa. Cuando el barco puede zozobrar, las primeras que pretenden huir son las ratas y, a continuación, los cobardes y los egoístas. Pues, a pesar de todo, yo me quedo con esta España que sabe sobreponerse a los intentos de quienes buscan desintegrarla, de los que se lo llevan crudo aprovechándose de sus cargos, y de los que se disfrazan de demócratas cuando, en realidad, siendo minoría, quieren imponer sus ideas a la mayoría, a base de desplantes, mentiras o insultos; es decir, convertidos en lo que todo el mundo conoce como dictadores. Una nación capaz de prosperar en estas condiciones, merece el cariño y el respeto de todos sus súbditos. Si no de todos, al menos de los bien nacidos que, hoy por hoy, y afortunadamente, somos mayoría, y debemos seguir siéndolo por muchos años.