Lunes, 9 de diciembre de 2019

A propósito de "La obra de Dios" en el Liceo

El estreno el viernes pasado de “La obra de Dios”, una comedia sobre un “dios” nada omnipotente y un texto, el de la Biblia, desde una mirada cómica y heterodoxa, mostró al público asistente cuántas cosas han cambiado en poco más de un siglo en la relación del individuo contemporáneo con la religión. Jugar a ser Dios y jugar a cambiar los textos sagrados, sería difícil de imaginar hace menos de cien años, al menos en nuestro país.

Quedémonos con dos aspectos positivos en los múltiples mensajes y argumentos que, medio en broma medio en serio, oímos a lo largo de este (casi) soliloquio magníficamente interpretado por Mariano Peña en su papel de “Dios”.

La primera idea o mensaje de este “dios”- M. Peña es cuántas de nuestras características de humanos, nuestras ilusiones infantiles y nuestras contradicciones, han ido determinando la imagen de un Dios omnipotente, omnisciente, infinito…El actor cómicamente nos señala cómo el creyente exagera siempre, en su relación con Dios, con su idea de que toda la responsabilidad de lo trágico que sucede en este mundo la tiene Él, no la débil criatura que asesina a sus semejantes, hace guerras, sufre con el amor y con el desamor, une asuntos tan ajenos como Dios y el Estado, le pide que resuelva todos sus problemas…En fin  esta “Obra de Dios” describe con humor y acierto cómo el hombre se porta como un niño caprichoso, perverso y demandante hasta la saciedad de ayuda divina, pidiendo o exigiendo la continua intervención de un Padre omnipotente.

El segundo mensaje positivo de la obra teatral es que, paradójicamente, cuanto más en broma se toman los textos bíblicos y la imagen de Dios que nos han enseñado, más ropaje innecesario e inadecuado cae y más se queda el creyente con la esencias de la idea de Dios: sobran tantas engañosas metáforas e ingenuos relatos (como la  hilarante historia del arca de Noé).

La calidad del humor fluctúa a lo largo de la obra: en general en el público hubo más sonrisas que carcajadas, pero el nivel de satisfacción pareció ser alto, por la duración de los generosos aplausos.