Lunes, 18 de noviembre de 2019

EL JUICIO Y LA CRÍTICA

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San Pablo, hace estas advertencias: ¿Tú por qué juzgas a tu hermano? ¿Tú por qué desprecias a tu hermano? ¿Es que no sabes que todos tendremos que presentarnos ante el tribunal de Dios a darle cuenta de lo que hemos hecho?”

Cuando se es capaz de ver las virtudes de los otros, no hay ojos para ver los defectos. Todos nos damos cuenta de los defectos de los demás, pero no solucionamos nada pregonándolos a los cuatro vientos, y poniendo en entredicho la buena fama de esa persona.

Nada bueno puede salir de la crítica destructiva, ya que ésta pone de manifiesto una murmuración, calumnia o un juicio temerario. ¿Por qué critican las personas? Estas lo hacen, normalmente, por envidia, celos, orgullo, susceptibilidad herida, agresividad… La crítica brota de un corazón amargado, duro, arruinado por los fracasos y el negativismo. Una persona que ha caído en la manía de cuestionarlo todo, de creerse siempre superior a los demás, está incapacitada para poder descubrir todos los valores positivos de los otros. A la larga, todos huirán del calumniador, criticón, murmurador, pues nadie tiene las espaldas seguras con Él. Hasta los mismos amigos se pueden convertir en víctimas inocentes.

Una señal de que se ama al otro es el no criticarlo, Si lo amo de verdad y quiero ayudarle, no adelanto nada con airear sus vicios, y mucho menos reírme de sus limitaciones y desgracias.

El chisme es sabroso, dice la gente, “el chisme es como un jazmín que se convierte en palmera” (Pemán). Pemán, en su obra teatral “La viudita naviera”, narraba una chirigota que en la ficción teatral se llamaba “Los Chismosos” y que en la vida real era nada menos que la comparsa de Paco Alba. “Los Chismosos” se presentaban así: “Somos los chismosos / que saben más chismes / en esta ciudad, / sabemos las cosas que pasan, / y las que van a pasar, / y las que nunca pasaron, / ni pasarán”. Y en esta copla decía Pemán que chisme es “noticia verdadera o falsa, o comentario con que generalmente se pretende indisponer a unas personas con otras o se murmura de alguna”.

¿Cómo reaccionar a las críticas? La Madre Teresa de Calcuta cuenta que ella, cuando joven, se asustaba de que la gente estuviera criticándola. Y un día le dijo a un santo sacerdote “padre, ¿yo que hago que no me atrevo a obrar por miedo a que me critiquen?”, y ese hombre de Dios le dio una respuesta que la llenó de paz. Su lema, dijo, debe ser aquello que decía San Pablo: “A mi no me interesa el modo en que me estén juzgando los seres humanos. Mi juez es Dios”. Y dice la santa que esta respuesta fue para ella como una roca inquebrantable para mantenerse firme cuando las lenguas criticonas la atacaban. Ya sabía bien que en el día definitivo, el único que va a pagar es Dios. Y teniéndolo contento a Él, ¿Qué importa lo que diga la gente?

No faltan críticas, contrariedades, contratiempos y zancadillas para el que emprende cualquier obra importante. Bienaventurados seréis cuando os injurien y os persigan, y cuando, por mi causa, os acusen en falso de toda clase de males. Cada uno es lo que es, sin que las críticas o las alabanzas lo cambien. Con frecuencia podemos ver cómo las alabanzas están llenas de mentiras y de hipocresías. No es bueno, pues, vivir pendiente ni de las críticas ni de las alabanzas, pues ya se sabe que todos no tienen la misma química y se haga lo que sea, unos lo alabarán y otros lo criticarán.

Muchas personas viven sumidas en un pozo de desdichas y preocupaciones, pensando ¿qué dirán?, ¿qué pensarán los demás de mí? El que busca agradar a la gente, ya no será buen seguidor de Cristo, decía san Pablo.