Martes, 23 de julio de 2019

En defensa de la mejor literatura (Adam Zagajewski)

Pocas lecturas, en este último tiempo, nos están siendo más beneficiosas y plenas de sugerencias y revelaciones, que los ensayos del escritor polaco Adam Zagajewski (Lvov, hoy territorio ucraniano, 1945). Se trata de una escritura vibrante, que, al hilo de la propia experiencia vital, va dando cuenta de algunos de los temas  y cuestiones más universales, que nuestra contemporaneidad se plantea de continuo.

Estos días está de actualidad, gracias a que acaba de recoger en Oviedo el Premio ‘Princesa de Asturias’ de Las Letras, que le había sido otorgado. Es un acierto excepcional el que tal galardón haya recaído en un escritor de una palabra tan reveladora. Nos sorprende que, por ejemplo, estos días en la radio, cuando se comentan los premiados, se alude a otras personas o instituciones, pero se silencia el nombre de Zagajewski.

Las lecturas que hemos ido realizando en este último tiempo de obras suyas, como las tituladas En la belleza ajena, En defensa del fervor o Solidaridad y soledad, así como su pequeño ensayo sobre Rilke, siempre hemos captado una vibración profunda sobre los grandes asuntos de la vida del espíritu y de la cultura en nuestro tiempo.

Su poesía, su escritura, toda su reflexión y su creación obedece a la pregunta esencial, que, como él mismo indica: “el único misterio auténtico es la pregunta de qué es el mundo. Qué es el fuego. Qué, el aire.” Esto es, toda la creación ha de obedecer a tratar de dar respuestas a las preguntas esenciales, sin andarse nunca por las ramas.

A partir de la amarga experiencia que le tocara vivir en Polonia de ese mundo cerrado y gris, negador de toda libertad, como fuera el comunismo, Zagajewski, a partir de su propio itinerario vital, va articulando un modo de estar en el mundo, un modo de crear y un modo de reflexionar en el que cabe todo lo más hermoso que le es dado conocer y contemplar al ser humano.

Así, en un mundo descreído y negador de todos los valores, el escritor polaco reivindica la importancia de la vida del espíritu, para que la creación, cualquier creación, sea posible. Sin vida del espíritu, nos viene a decir, no hay creación verdadera. De ahí, que defienda el fervor, la inspiración, esa suerte de don que, en ocasiones, recibe el poeta y, a través de la palabra inspirada, nos entrega a todos.

Las reflexiones sobre la poesía son muy hermosas. “Es posible –nos dice– que la poesía lírica tenga dos alas, dos preocupaciones primordiales, siendo una de ellas el antiquísimo deber ... de ... mantener la vida espiritual o, mejor dicho, dar forma a la vida interior”; mientras que la otra ala consistiría, más bien, en estar atentos al “rostro cambiante de nuestro mundo, a la búsqueda de la verdad sobre nosotros mismos, a la exploración incesante de los innumerables pasillos de la realidad y al rechazo a la mentira.” Qué dos grandes tareas las de la poesía y de qué modo tan lúcido están expresadas por Adam Zagajewski.

Todos sus ensayos, sus hermosos y reveladores escritos en prosa, constituyen, al tiempo una fascinante cartografía de escritores, creadores, artistas, músicos, asuntos, temas... de nuestra historia, de nuestra cultura, de nuestra contemporaneidad.

Para nosotros, en este último tiempo, la lectura de Zagajewski está suponiendo un festín. Si no hay creación posible tampoco sin tener de continuo cargadas las pilas de la vida del espíritu y de la cultura, hemos de confesar que los textos del extraordinario autor polaco, al que leemos con una continua fascinación que nunca decrece, están contribuyendo de un modo decisivo a ello.

Y es una fortuna para todos el poderlo leer. Sus libros están traducidos al castellano y se encuentran en todas nuestras librerías. Si quieren tener una experiencia psíquica, cultural y espiritual que les aporte algo, lean los textos de Zagajewski, en ellos se encuentra la mejor literatura, aquella que aborda las grandes preguntas del existir de todos.