Miércoles, 21 de octubre de 2020

Dan Brown al ajillo (o los simios del Planeta)

      Aparte de algunos artículos y reportajes sobre temas interesantes en la revista que dirigió (Más allá de la Ciencia) he leído una sola novela de Javier Sierra: El maestro del Prado, editada precisamente por Planeta. Para ser preciso, intenté leerla pero no la pude terminar porque me empalagaron dos cosas: el lenguaje, que me parece cursi, y la sobredosis de detalles artístico-intelectuales enlazados de manera forzada en un alarde de cultura decorativa. Visto que la obra con que le acaban de otorgar el Premio Planeta trata sobre el Santo Grial, me da que este turolense pluricolaborador mediático va camino de convertirse en una versión carpetovetónica de los best-seller del misterio, algo así como un Dan Brown al ajillo.

    Hace muchos años, cuando yo era todavía más ignorante que ahora, me presenté al Planeta sin sospechar siquiera que este es el paradigma de los premios concedidos de antemano y muchas veces encargado expresamente a sus autores. Manuel García Viñó (doctor en Derecho por la Universidad de Bolonia y en Filología hispánica por la de Sevilla, licenciado en Física teórica por Heidelberg y autor de ochenta libros) se ganó una avalancha de improperios por estas declaraciones: "Un interesante dato, que no conviene olvidar, es el que atañe a los ganadores. Son escogidos principalmente entre escritores y periodistas con ínfulas de novelistas, todos los cuales, casi absolutamente todos, son personas acérrimas defensoras de la honradez y la limpieza en las relaciones humanas, que diariamente denuncian en sus columnas la corrupción, la mentira, el chalaneo, el robo etc., pero que no tienen reparo en prestarse al chanchullo del Premio Planeta o de cualquier otro premio, defraudando a los casi quinientos concursantes que han optado al premio de buena fe".

    Una vez más, una anécdota vale como prueba tanto como el más sesudo análisis. Véase la siguiente parrafada de la novela La aventura del tocador de señoras que recuerda en tono irónico el procedimiento de adjudicación del premio: "Con las cosas que has visto y has oído, te saldrá un best-seller como un par de cojones. Y yo: coño, no sé si sabré, y ellos: nada, hombre, treinta folios, lo que te salga de las pelotas; luego unos muertos de hambre te ponen las comas en su sitio y te conseguimos el Planeta." Por cierto, el autor de ese diálogo, Eduardo Mendoza, ganó el Premio Planeta diez años después.

   Ya digo que he sido una de las víctimas ingenuas de este certamen. Por más que lo intente no podré sustraerme a mi parentesco con los primates ni dejaré de vivir en el Planeta de los simios. Y los simios, como se sabe, son por naturaleza grandísimos imitadores.