Viernes, 10 de abril de 2020

El humor en los tiempos de Netflix

 

 

 

 

 

 

 

 

El jueves pasado, coincidiendo con la celebración del Día de la Hispanidad, Netflix estrenaba la película Fe de etarras, una comedia dirigida por Borja Cobeaga, producida por Netflix e interpretada por Javier Cámara, Julián López, Miren Ibarguren y Gorka Otxoa. Fe de etarras muestra la convivencia de un pequeño comando etarra que aguarda órdenes en un piso franco en el contexto del Mundial de Sudáfrica de 2010, en el que todo el mundo parece envuelto en una euforia españolista compartida. Al margen del desarrollo de la película y de su desenlace, Fe de etarras sigue un planteamiento valiente que consigue hacer comedia de la tragedia llevando al absurdo el conflicto a través del humor sin frivolizar ni generalizar ni faltar al respeto.

Decía un personaje de Woody Allen que comedia es igual a tragedia más tiempo. Tal vez tenga razón. Sin quitarle importancia ni valor a la tragedia, parece que el ser humano requiere la risa para sobrevivir al desastre, del mismo modo en que se requiere el siempre crucial paso del tiempo.

Si la ironía es una de las claves del paradigma posmoderno, que permanece y que incluso cobra mayor relevancia en la actualidad, el ingenio es también uno de los rasgos identificativos de la cultura española. En su Memoria de la melancolía, María Teresa León refleja su experiencia como exiliada durante la dictadura franquista, y reflexiona sobre la necesidad que sentían los exiliados españoles de bromear, incluso sobre su propia situación, a pesar de que su situación fuera tan difícil y delicada, o quizá especialmente porque su situación eran tan difícil y delicada. Concluye María Teresa León: “Lo último que un español debe perder es la gracia”. Más allá de la esperanza, sí, el ingenio, la ironía capaz de enfriar las peores pasiones, capaz de enseñar el mismo paisaje desde otro ángulo.

Esta confluencia de cultura española y cultura actual convierte el humor en una seña generacional de los jóvenes y no tan jóvenes (el humor no tiene edad) españoles. Un humor que hoy en día circula libremente en las redes sociales, que surge y se expande espontáneamente, desde una multitud de lugares distintos, imparable. Un humor que define el comportamiento y el sentir representativos de una comunidad. Sirva como ejemplo el hecho de que el hashtag #nochebuena se convirtiera en trending topic el pasado 3 de octubre, cuando se anunció el discurso del rey Felipe VI. La respuesta colectiva del ingenio.

Netflix sabe a qué público se dirige cuando hace una campaña publicitaria atrevida y directa, como la de Fe de etarras (una gran lona negra con la frase “Yo sooooy españooool, españoool, españoooool”, tachadas estas últimas tres palabras con color rojo, situada en el barrio de Gros de San Sebastián) o la de Oh, blanca navidad (otro voluminoso cartel con la imagen del personaje de Pablo Escobar en la serie Narcos y esa frase, “Oh, blanca navidad”, colocado nada menos que en la Puerta del Sol, en plenas navidades). Hay a quien le incomodan estas imágenes y a quien no le hacen ninguna gracia y es, por supuesto, muy respetable. En la guerra y el humor no todo vale.

La comicidad hoy se convierte, sin embargo, en respuesta. La comicidad como respuesta ante la corrupción, como refleja la generosa expresividad humorística de memes, tuits y demás chistes y ocurrencias que crecen y se comparten en las redes sociales. La comicidad como respuesta ante el miedo, como se demostró, por ejemplo, con la gran cantidad de parodias al vídeo del famoso “hijo de la Tomasa”. La comicidad como respuesta ante la represión, ante las injusticias, ante la violencia.   

Y funciona, parece que funciona, por eso quieren prohibirlo. Por eso Fernando Arrabal fue considerado persona non grata y fue, según su propio testimonio, el único español que tuvo todas sus obras prohibidas en España durante el franquismo. Por eso atacaron la sede de la revista Charlie Hebdo. Por eso atacaron la sede de la revista El Papus. Porque, como escribía Miguel Hernández en sus “Nanas de la cebolla”, precisamente desde la cárcel, pensando en su hijo: “Tu risa me hace libre/ me pone alas./ Soledades me quita/ cárcel me arranca”. Por eso, porque la comedia nos libera de la tragedia. Porque el humor nos hace libres.