Derribando los muros para la integración laboral de los más vulnerables

Escenificación simbólica de las barreras que los colectivos vulnerables encuentran para normalizar su incorporación laboral
Acto de sensibilización sobre la integración laboral de colectivos vulnerales, en la Plaza del Liceo

La Plaza Liceo ha acogido este sábado la escenificación simbólica de la construcción de un muro con las dificultades y barreras que los colectivos vulnerables encuentran para normalizar su incorporación laboral, y su consiguiente derribo como objetivo final de la Plataforma Salmantina por el Empleo. Un acto para sensibilizar sobre la integración laboral de colectivos vulnerables, e involucrar a los agentes sociales y a la población salmantina en este empeño.

Durante el acto se ha procedido a la lectura de un Manifiesto, por parte del fotógrafo salmantino Manuel Lamas.

Fotos: Manuel Lamas / Alejandro López

POR UN EMPLEO DIGNO

Un año más, distintos colectivos que integran la Plataforma Salmantina de Entidades sobre el Empleo, nos reunimos en este espacio público de Salamanca. Alzamos nuestra voz como un objetivo común: conseguir un empleo digno para quienes han sido excluidos y despojados de este derecho fundamental.

Los aquí convocados alzamos nuestra voz como un grito unánime, para que se escuchen nuestras demandas fuera de los ámbitos en que habitualmente realizamos nuestras funciones. Somos conscientes de que, el derecho al trabajo, también los demás derechos, solo pueden ser garantizados a través de leyes justas, para cuyo cumplimiento hay que dotar de recursos a los departamentos de la Administración encargados de dispensar las ayudas.

Nos congregamos un año más y hacemos visible nuestra participación a través de este acto. Pero sería mejor no tener que realizar este encuentro, y que cada uno desde el lugar correspondiente trabajara para la calidad en el mundo laboral.

Vivir es difícil; más aún para quienes no saben qué van a comer, ni donde descansarán la noche que está por llegar. Nos hemos acostumbrado a ver los problemas de los demás como si de algo ajeno se tratara. Ignoramos que, cualquiera de nosotros, podemos acceder a la precariedad por múltiples motivos. Las circunstancias de cada persona son diferentes; diferentes son, asimismo, los caminos a recorrer por cada uno de nosotros, y no sabemos si podremos conservar indefinidamente los privilegios que tenemos. Solo las sociedades avanzadas contemplan los problemas de sus ciudadanos como si de asuntos de estado se tratara. Toman medidas para que la pobreza no anide en sus latitudes de ninguna de sus formas.

Evidentemente la crisis no ha desaparecido. Aunque resulte paradójico, han salido de ella, los que nunca entraron. Quizá los mimos que proclaman un crecimiento económico ficticio, y una disminución del desempleo irreal. Pues, más del noventa por ciento de los contratos que se firman son precarios. Los bajos salarios y la temporalidad, impiden a muchas personas obtener prestaciones dignas, abocando a la pobreza cada vez a más gente. Nadie puede afrontar su futuro si un mínimo de estabilidad en el empleo y con salarios tan reducidos.


 habla de las dificultades de nuestros jóvenes para dar salida a la excelente formación que han adquirido, nos quejamos por la caída en picado de los índices de natalidad, y vemos como el envejecimiento de la población, vacía de dinamismo muchos estamentos de nuestra sociedad. Se habla de casi todo, pero nada se oye de un reparto más justo de la riqueza. Cada vez más, las grandes empresas, optimizan sus recursos expulsando del mundo laboral a excelentes profesionales con capacidad para trabajar.

Uno año más, desde esta tribuna, pedimos respeto para los más desfavorecidos; puestos de trabajo dignos que permitan a nuestros jóvenes afrontar su futuro sin convertirse en emigrantes.

En todas las épocas y culturas no han faltado discursos a favor de eliminar las diferencias entre las personas. Pero, el acontecer humano, ha discurrido por otras vías. Se han acumulado montañas de conocimiento sobre múltiples disciplinas, pero se ha omitido lo fundamental: mejorar las estructuras de las instituciones sociales con leyes más justas.

Solo a través de la educación podemos enseñar a nuestros jóvenes respeto y solidaridad; es la educación, por tanto, la tierra fértil donde germinan los principios. Esos mismos principios, tienen que vertebrar nuestras leyes para que, los excesos de unos, no provoquen miseria en los demás. 

Sigamos trabajando juntos por el empleo decente, por la lucha contra la discriminación y por el cumplimento de los derechos fundamentales para una sociedad justa. Que el derribo de este muro sea un reflejo de todos esos obstáculos con los que luchamos cada día en el ámbito laboral.

                                                                   MANUEL  LAMAS, fotógrafo

 

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