Ciudad de sueños

 

Como hay una ciudad de luces y sombras, de encuentros y desencuentros, de mañanas  y tardes, del día y de la noche y una ciudad del silencio, hay una ciudad de la melancolía, ciudad, sobre todas la ciudades posibles, que permanecerá en nosotros, sobre nuestra memoria, que nos habla del nunca y del siempre, soñada y amada, como el deseo eterno de permanecer en los recuerdos de cada jardín y cada plaza, en el amanecer  y el atardecer del día y de la noche; ciudad de jardines con nombres escritos sobre bancos de piedras  y esperas recordadas,  de amantes que vuelven con su nostalgia a solas a los pasos del  jardín en que se amaron y hoy se desdibujan en la presencia imborrable de los días perdidos.

Toda la ciudad  destila amorosos recuerdos, porque la propia ciudad es amante y amada cuando el sol de la tarde dibuja un perfil soñado más allá de los días, de las distancias en los rincones que se hacen memoria y nunca olvido.

 

Mi ciudad, mi principio, mi sentimiento soñado y compartido,

estancias de aire, de soles y mañanas, de tardes y de noches.

Busco la luz que se encierra en tus calles, en tus soleados muros,

cuando el amanecer navega en  cielos infinitos, en miradas

que furtivas y extrañas buscan la amanecida de los sueños…

encuentro, la maravilla de una ciudad soñada hacia poniente,

ciudad interior de magia y de símbolos, de claustros y ventanas.

 

 

Escucho, ciudad,  tu dulcísimo canto,

florecer en el  silencio dorado

en los arcos al amanecer,

cuando a la ciudad de los sueños

se le vuelan las torres

y las palabras son ecos en cancelas y patios…

mágica y astral

que mueve el viento a merced de sus sueños.

 

Esta ciudad mía... es ciudad abierta,

de espacios inmensos,

Sin distancias ni fronteras, ciudad de paz interior,

que se espera y se desea.

 

Ciudad... mi ciudad,  mi paisaje, de lunas y de soles

sueño del río que nos huye,

rumor de estancias  erguidas

en los pliegues de un prodigio evocado.

 

 

Cielos en fuga, sinfonía de color entre sus piedras

sueño arrebatado del  instante

en la que puedes acariciar con las manos el viento

y el sol es música densa y ancestral

cuando desciende a través de sus bóvedas

 

 

Y a esta ciudad de la melancolía se regresa cuando la tarde se hace refugio de soledad en un espacio infinito de sueños, entre los naufragios olvidados en los mares recordados del tiempo y de los soles.

 

En el silencio están las palabras y las imágenes,  son  punto de partida para la sensibilidad ante el mundo. La distancia que asume el yo poético del poeta, palabra escrita o imagen poética que narra la vida de calles y plazas, de tantas historias como personas que habitan los espacios por ellos delimitados. La ciudad así se muestra directamente y la imagen que nos deja es lo que importa.  Cada habitante mira la ciudad  y recuerda las muchas veces que la ha visto, desde la atalaya de sus sueños,  las aves  bajan, aleteando para posarse sobre las piedras inertes de sus edificios, con sus ojos sigue mirando, busca en el interior de la ciudad, aquellas  imágenes no siempre visibles, pero que atrapan para sí su  memoria  de la seducción que le produjo su existencia.