Jueves, 18 de octubre de 2018

El editorial

Para formar opinión y ciudadanía no creo que lo más recomendable sean los periodistas y periódicos que quieren dárnoslo “todo pensado y opinado”… Pero cuando ofenden a la inteligencia páginas en las que alguna vez leí a plumas indiscutibles, lo que me invade es, simplemente, la tristeza… Que es bastante peor que el enojo porque uno sabe que se perdió algo que no volverá.

Si este artículo sirve para que alguien distinga editorial periodístico (m.) de editorial (f.), ya me doy por bien servido. Vivo en una época y un lugar donde se dice, y se escribe, aperturar, accesar, recepcionar (sic para todo), mientras demasiados hablantes discuten sobre si presidente o presidenta…

Que no es que no quiera entrar en materia… Es que acabo de leer el que, con los años, creo que será famoso editorial… Si no es que termina siendo conocido como “el editorial”.

Después de leerlo leí, casi usando las mismas palabras, artículos que decían lo mismo… Y en México, opiniones en la misma línea. Sin problema: eso es la libertad de opinión; un articulista puede opinar lo que le dé la gana… y allá el periódico… Y un periodista puede no estar bien informado o dejarse llevar por sus prejuicios.

Por mucho que pongan la frasecita de “este diario no coincide con las opiniones de sus articulistas”, nosotros, lectores, también nos dejamos llevar, a veces por el cerebro, a veces por la víscera, a veces por ambos centros… Y sacamos nuestras propias conclusiones.

Pero el editorial, eso sí, es cosa seria; en México, por ejemplo, muchos periódicos no lo usan; incluso, confunden el editorial con los trascendidos, que sí publican la mayoría de los periódicos… Y digo confunden con conocimiento de causa: he trabajado con periodistas que llaman editoriales a esos trascendidos. Otros, les dicen columnas políticas.

Volviendo al tema, una definición que considero podría suscribir cualquier manual es que el editorial “es” la opinión del periódico y va sin firma (se puede deducir que lo escribe el director, con la venia del dueño, los accionistas… o no).

Por eso, cuando el editorial de un periódico que alguna vez fue referencia y al que ya habían criticado por tomar, en otros editoriales, una postura excesiva contra un candidato democrático de una elección interna de un partido, reincide, dando como ciertas inferencias, muestra nulo respeto por sus lectores, por el periodismo y por la decencia. Ese impreso ya no es nuestro diario, nuestro periódico (en el sentido de publicación que contiene periodismo); ya no es un diario o un periódico, sino, como poco, un portavoz de una parte; incluso, uno puede verlo como una inserción pagada.

Da igual el partido, el candidato, el país…

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