Sábado, 15 de diciembre de 2018

‘Katsikas en la memoria’, un libro necesario

Este trabajo pretende que digamos basta y es fruto de la labor de muchos que creen que otro mundo es posible
Ferchu de Castro, a la derecha, en la presentación de este libro que él ha impulsado

La Feria del Libro de Salamanca llena de música, letras, niños, elefantes, visitantes, libreros, autores, terrazas y encuentros ha tenido una mañana final de domingo llena de sol y de conciencia. Porque en este lugar donde se amansa el ruido y no la luz, hemos alumbrado un libro bello y necesario de la mano de la Asamblea de apoyo a personas migrantes y en la persona de un hombre bueno: Ferchu de Castro.

Con la voz entrecortada y aún así firme, Ferchu ha definido Katsikas como un campo de concentración donde se hacinan los refugiados en Grecia a la espera de su destino. Un lugar donde acudió a trabajar y que le robó el corazón, ese que se conmovió con las historias de su habitantes: afganos, sirios, yazidíes… entre ellos niños y jóvenes que dibujaban, pintaban y fotografiaban a despecho de la desesperación. Y fueron esos dibujos los que alumbraron este libro, fruto de mucha gente, en el que los poetas y escritores salmantinos acompañaron las imágenes, de una inmensa, de una inefable pureza, con sus palabras.

Un libro de rabia, para Ferchu de Castro, que también amansa nuestra conciencia herida por lo que está sucediendo, por la pasividad, por la falta de repercusión actual en las noticias. Un libro que pretende que digamos basta y que es fruto del trabajo de muchos que creen que otro mundo es posible, como es posible conjurar otros verbos y cambiar el tú por el nosotros.

Por eso Ángeles Pérez López nos insiste en la necesidad de vivir este libro, transmitirlo, hacerlo acto. Por eso Montserrat Villar recuerda la generosidad diaria de Ferchu, ejemplo para todos como lo es el trabajo de la Asamblea, a menudo callado y silenciado. Voces que, recuerda el poeta Raúl Vacas, se alzaron hace un año preguntándose ¿Para qué sirve la utopía? Una pregunta que se resuelve pensando en literatura, pensando en la música de Jordi Savall que en su disco “Oriente y Occidente” juntó varios mundos, esos que se originan en la Siria devastada que fue Mesopotamia, cuna de nuestra civilización.

Un libro cerrado con un epílogo que no lo es. En la escritura de Isabel Sánchez, el alma de esta Feria, incansable siempre, este libro no tiene epílogo porque no concluye el dolor, porque no hay palabras para describir el destierro. Un hermoso texto que no endulza la dureza del exilio ni siquiera con las bellas citas, ni siquiera con las dulces voces de los poetas y de esta mujer extraordinaria que lee con el corazón y nos entrega páginas de sangre. Haced vuestro este libro, pedía la poeta y profesora Ángeles Pérez López, por ello lo tomamos en las manos, lo compartimos, lo acariciamos, lo recorremos.

Son las voces de aquellos que nos tienen acostumbrados a la belleza y a la empatía, entregados ahora a la causa que es de todos y que a todos debe dolernos por igual… porque Katsitas está ahí a nuestro lado, demasiado cerca para darle la espalda y demasiado nuestra para olvidarla. Por eso la hacemos belleza desde el horror y se comparte este día de fiesta… en medio del sol y de la alegría de un domingo luminoso.

Charo Alonso