Miércoles, 21 de noviembre de 2018
Las Arribes al día

Las Arribes despierta los sentidos

VILVESTRE | Más de 1.200 personas participaron en la vigésimo segunda edición de esta ruta que discurrió entre naranjos y almendros

Gran participación y buen ambiente en la ruta que discurrió entre naranjos y almendros

Más de 1.200 personas comprobaron este domingo en Vilvestre como las arribes se sobreponen antes que otros lugares al letargo invernal, pues la primavera florece aquí entre bancales y picones –desde mediados de febrero– despidiendo el crudo y húmedo invierno bajo el murmullo de sus arroyos, el dulce aroma de las jaras que embriagan el aire, y los destellos de los naranjos mostrando su fruto entre el verdor de chumberas y enebros. Y es que, Las Arribes despierta al más entumecido de los sentidos.

Ni el anuncio de la bajada de temperaturas impidió que la primera de las rutas senderistas que se organizan en Las Arribes cosechase un nuevo éxito de participación, lo que también dice mucho de su organización, tanto es así, que la Marcha Arribes del Duero, de Vilvestre, es un referente para otros muchos municipios que se han sumado a iniciativas similares en los últimos años.

Parajes y paisajes como los que ayer tuvieron el privilegio de contemplar más de un millar de personas, hacen del hombre algo insignificante ante la naturaleza, ríos y montes que una vez y otra se empeña en doblegar, porque el Duero, ahora adormecido por el embalse de Saucelle, como el hombre también ama la libertad.

La misma libertad que se percibe bajo los senderos de herradura un día frecuentados por las caballerías, hoy y siempre en los albores de la primavera adornados de almendros en flor que adulciguan el serpenteante caminar del senderista, el vuelo de un abejaruco recién llegado de su viaje desde tierras del sur o el brote de un cerezo que se sonroja bajo el sol primaveral.

Desarrollo de la marcha

Vilvestre puede darse por satisfecho porque el objetivo fue cumpliéndose conforme avanzó la jornada, un día que comenzaba bajo la atenta mirada del Rollo de Justicia. Allí, perenne en el tiempo, contempló un año más la curiosa la mirada de los senderistas dispuestos a emprender camino hacia las Huertas, para tomar el camino de Traosierro y dirigirse hacia el Arroyo de la Nava, donde descubrirían una casa y los corrales que antiguamente usaban los cabreros.

En un serpenteante descenso llegarían hasta el arroyo, que cruzarían por el famoso Puente de Piedra y, desde aquí, ascender hasta La Nava, donde harían un pequeño descanso para recuperar la energía. A continuación iniciarían un suave descenso, siguiendo el curso del arroyo, y disfrutando de la vista del castillo Las Bonas. Especialmente sorprendidos con el paisaje se mostraba un grupo de jóvenes chinos de Pekín, maravillados por el encanto de las Arribes y por el gran ambiente que ha acompañado a la marcha.

El final del recorrido, tras atravesar Los Baños, se daba –como siempre– en La Barca, donde además de descansar daban cuenta de una suculenta comida mientras contemplaban las mansas aquí aguas del Duero. En la comida no faltaron los asados de carne del cerdo, pan, agua, vino, naranjas, café, aguardiente y rosquilla casera, como tampoco el queso de Vilvestre, todo ello preparado por un grupo de 40 colaboradores de la localidad.