Por la mujer, no resignación (Cinco poetas salmantinas)

Próximo el Día de la Mujer, A. P. Alencart deja conocer textos de escritoras que nacieron en Salamanca o, como A. Altamirano, vive aquí varios lustros.
Annie Altamirano leyendo en el XVII encuentro de Poetas Iberoamericanos (foto Jacqueline Alencar)
Doce poetas salmantinos o con residencia en la ciudad se incluyeron entre los 136 poetas del mundo que forman parte de la ya reconocida  antología NO RESIGNACIÓN, impulsada desde la Concejalía de Familia e Igualdad Social del Ayuntamiento de Salamanca y publicada en noviembre del año pasado.

En esta oportunidad dejamos conocer los textos de cinco de ellas. Desde una Salamanca que siempre acoge al mundo, va este clamor que está siendo leído en muchos lugares del mundo.

 

ANNIE ALTAMIRANO

 

¡NO!

 

Manos,

tus manos,

tus dos manos

me tocan insistentemente

a lo largo del cuerpo.

 

Pies,

tus pies,

tus dos pies

se acercan

implacablemente

buscando mi carne.

Puños,

tus puños,

tus dos puños

dejan amapolas violetas

en el hueco de mi espalda.

 

Labios secos donde murieron los besos.

Ojos ciegos sin lágrima posible.

Desnuda,

despojada,

inerme,

sin reflejo de convocar

la fuerza del vientre ancestral

para alejar

tus manos,

tus pies,

tus puños …

                         … la oscuridad…

 

 

 Marian de Vicente (Foto de José Amador Martín)

 

 

MARIAN DE VICENTE

 

BLANCO ROTO

 

Pasar del blanco al negro,

del velo al luto,

del anillo al metal que sólo mata,

del lecho de la vida al de la muerte,

del lazo a la cadena

o de la bendición a la condena,

de la caricia al golpe,

de las manos abiertas

al puño enrojecido.

 

Pasar del blanco al negro

a través de la herida,

del grana de la sangre.

 

Los grises, la ignorancia.

Los grises, la inconsciencia.

Los grises, la violencia heredada.

 

Entre el blanco y el negro,

un abismo, un vacío

donde resuena el eco

de la ausencia de amor,

la génesis del miedo.

 

 

YOLANDA IZARD

 

ÉPICA, BOMBILLA Y GUISANTES

 

Las voces de las mujeres se escriben en el silencio de la cocina

mientras alimentan con sus pechos las palabras del futuro

que una niña usará mañana para amamantar a otra niña.

Las voces de las mujeres resuenan apenas en la bombilla de la sala

donde se quedan prendidas hasta que iluminan

el vacío que queda tras una paliza, una voz malsonante,

una afrenta de hombre crecido en la épica de las palabras grandes.

Al atardecer, en el susurro del patio donde se alza un limonero,

las mujeres desgranan los guisantes y les parece

que lloran lágrimas verdes, como sus ojos morados.

Al fin, cuando van a dormir, se rebelan en sueños:

una a una, como ejército de sombras,

aplastan con sus piececillos del treinta y seis

las enormes botas que han sostenido

manos ensañadas, corazones ensartados al odio,

perdones de mentira y excusas falsas.

Luego, al despertarse,

se desnudan y tiran la ropa manchada de represión y de sangre

y salen a la plaza del pueblo, y se echan a andar por los caminos,

relucientes y nuevas como sus bruñidos sueños,

enarbolando palabras  seguras de sí mismas

y sin más épica que la de su humano orgullo.

 

 

 Isabel González Gil (Foto de Jacqueline Alencar)

 

ISABEL GONZÁLEZ GIL

 

 

CANCIÓN DEL DESCONSUELO

 

Cuando era niña

el desconsuelo me persiguió

como una gran ave blanca

junto a mi sombra

Sus ojos eran agujeros

por donde se fue mi mundo

Pero ahora monto en el ave blanca

del desconsuelo

Aprendí su nombre

Y sé que posa sus blancas alas

sobre mis hombros

Y sé que abreva su mirada

en la boca de mi estómago

Temiendo que si se aleja

olvide de dónde viene

de dónde vengo.

 

 

ANA S. DÍAZ DE COLLANTES       

 

UN MUNDO AL REVÉS

 

La luz de la mañana primera

presenta las manos vueltas,

adolescentes palmas níveas

sobre la hierba fresca.

 

Algún matiz dorado

refleja apenas la vida púber,

ahora cristal de cieno,

sobre las manos secas.

 

Memoria infalible

de invisible cabello al viento.

Memoria para siempre perdida

de helada sonrisa al cielo.

 

MEMORIA, Mujer, que fue de vida;

rasgada, mortal memoria, profunda

sobre las manos blancas,

MEMORIA al fin, entre las manos yertas.