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Lunes, 1 de marzo de 2021

En el bucle infinito. Percibir la ciudad

Desde el momento en que entras en el bucle infinito, entras, en otro mundo, en otra manera de percibir. Se alteran las relaciones y se modifican las intensidades entre los sentidos. No quieres asumir la ausencia de referencias, de que estás a la deriva y, de entrada, no aceptas el carácter aparentemente entrópico de la nueva situación. Referencias que habitualmente quedan en un segundo plano aparecen ahora como primarias... te sirven para moldear e idear la situación. Los sonidos, las luces y las sombras… e incluso los sonidos sirven para “registrar” todos los momentos que se crean en los entornos de tu espacio. Te das cuenta de que los sonidos te dictan el tamaño de un espacio – la distancia que hay entre tú y el foco emisor -. Los demás sentidos se concatenan y relacionan en progresión, traspasando velos de la memoria, ofreciendo nuevas experiencias, producto de las  múltiples analogías que se establecen. Estás acostumbrado a un espacio físico, acotable, permanente y pasas a percibir un lugar mental, efímero y cambiante.

Dependemos de nuestro sentido visual en la percepción de nuestro entorno cotidiano, en el proceso de percibir nuestra ciudad, mirar, se convierte en un acto creativo, que tiene que ser interiorizado e identificado con nuestro propio cuerpo y con nuestra experiencia existencial.

El sol en el día, o las luces de la noche,  el ruido de los pasos, la propia voz que resuena en los interiores, la humedad al respirar, el tacto de las cosas en la punta de los dedos, la rugosidad de una pared de piedra...”, todo ello son sensaciones que se van registrando en nuestra memoria y que influyen en nuestros itinerarios cotidianos por la ciudad, que dependen de circunstancias tan personales o subjetivas como nuestro estado de ánimo de cada día, un hecho que resulta complejo y sutil, con diferencias mucho más acusadas en unas personas que en otras. La vivencia del entorno urbano a través de una experiencia artística, resulta un encuentro estético, donde se establece una relación de intercambio recíproco entre la obra  (en este caso la ciudad) y el espectador (habitante). Como decía Italo Calvino, “de una ciudad disfrutas la respuesta que da a una pregunta tuya, o la pregunta que te hace obligándote a responder”

El entorno urbano construido por el hombre tiene en cuenta los usos y las conductas de los habitantes que ocuparían ese espacio y que, en esencia, le dan sentido al mismo. Así, el comportamiento del ciudadano y la utilización que hace del espacio urbano, adquiere importancia desde que se abriera camino hacia la percepción de la imagen de la ciudad, analizando las características de las observaciones del habitante sobre  la morfología del espacio urbano.

Los distintos habitantes de la ciudad tienen una visión del entorno urbano y de la vivienda desde un punto de vista autobiográfico, manifestando toda su producción artística las emociones revividas a través de sus recuerdos.

La ciudad resulta una colección de espacios y memorias, se convierte en espacio físico a la vez que mental y simbólico, y representa la relación existente entre el interior del individuo y su entorno

No conocemos la ciudad. No hemos sembrado amor por la ciudad, deberíamos inventarla cada día como un juego que permite disfrutar mientras descubres los secretos  detrás de cada portón o postigo de los viejos caserones.

¿Cuántas historias guarda nuestro casco histórico o en cada rincón de nuestras calles;  Historias emocionantes, románticas, dramáticas y seductoras. Conocerlas es conocer nuestra propia ciudad y vivirla