Lunes, 20 de agosto de 2018

No se puede hacer historia sin pensamiento...

En rigor no se puede hacer historia sin pensamiento, otra cosa es que se intente. Especialmente el historiador debe reflexionar mucho sobre lo que encuentra y lo que no hay. 

El historiador gana con el tiempo, con la experiencia, al contrario que otras ramas del saber. La información, el saber, la investigación continuada aportan posibilidades que de principiante no se tienen.

Todos sabemos que este mundo de macacos está mal, y que no tiene un palmo de limpio. Los aprovechados, los facinerosos y los malos campan por donde quieren sin que se les diga mucho o nada, amparados por una inercia de siglos, y de la tradición vetusta y aun vitalista de la picaresca latina. Aunque no por menos conocidas también exista las picarescas de otros continentes.

Pero las cosas cambian, al menos en intención, a veces sólo por Navidad, y algunas veces para bien. Algún día, no sé si lo veremos, los tramposos, y traficantes de influencias no podrán salir de casa, y pensarán seriamente en que hacer, y reconvertir sus actividades y conocimientos hacia sectores más seguros y respetables.

Se van, poco a poco, destapando cloacas, pero seguimos viendo en nuestra sociedad que todo el mundo tiene un precio, y que tan sólo hay que encontrar a alguien que quiera pagarlo. La mayoría se conforman, cada día más, con poco. Cosas de la crisis.

Con la llegada de la Navidad, nuestro armario se descabala, y cuando por la mañana empezamos a remover la ropa limpia, una duda constante nos asalta, porque no sabemos lo que nos deparará la meteorología. Pero también influye nuestro estado de ánimo en la decisión final como un juez implacable, que sólo conoce una ley la de nuestras sensaciones. Lo que no implica que un depresivo se vista de oscuro, puede que se vista de colores para enmascarar su tristeza frente a los demás.

Es interesante también pensar el efecto de la ropa que llevamos en nosotros mismos. Lo que llevamos sobre nuestra piel nos atrapa y convierte, nos transforma y matiza. Un jersey de lana puede ablandarnos el alma, puede hacer que seamos más tolerantes y amorosos. Un chándal puede hacer que nos encontremos más activos. Un trozo de seda más sensibles. Unos vaqueros más libres. Una corbata más angustiados. El cuero más agresivos. Un sombrero diferentes y tranquilos. Una prenda de más en un día cálido más irritables. Un uniforme más responsables.

Como decía Lope de Vega “el armario es nuestro armario”, el lugar donde reposan todas nuestras almas, que forman parte de nuestro ser. Las que son y basta, y las que son y queremos aparentar; así con esta Navidad incipiente podemos, ya, empezar a tapar elegantemente lo mejor de nuestra piel. Así juzgaremos y  seremos juzgados en plena libertad y festividad.