Animalismo

El mirador provinciano encuentra, al menos, tres acepciones de la palabra “animalismo”. Que sean o no las del Diccionario de la RAE poco importa, porque esa palabra está viva. Ayer mismo la escuche. No me he tomado la molestia de ver si está ya congelada en un diccionario. Si se usa es porque existe esa realidad, y existe su concepto, que es la condensación de esa realidad en una mente lúcida. El concepto podríamos sintetizarlo o definirlo así: “el predominio del animal”. Y eso es lo que podemos ver en nuestra sociedad: 1. Animalismo son las palabras que pueden leerse en twitter, según me cuentan, de los que dicen que quieren que muera Adrián, el niño enfermo que quiere ser torero. En este caso predomina el toro sobre el hombre, hombre niño. 2. Hay muchos hoy que defienden no sólo la vida y el cuidado y los “derechos” de los animales a ultranza, antes que los de los hombres, puesto que dedican mucho tiempo y dinero, y mucho “cariño”, a los animales, que podrían dedicar a las necesidades urgentes de los hombres. 3. El hombre con demasiada frecuencia se comporta como un animal en relación a los otros hombres, con hechos y con palabras, como ya nos dijo un filósofo: Homo homini lupus. Ahora más que nunca o puede ser que hoy se manifieste más porque tiene más medios para demostrarlo. Y visto desde la otra cara, el hombre pierde su dignidad en relación a los otros hombres a la vez que se la quita a sí mismo, porque los pone al nivel del animal y considera que lo puede insultar, vejar y matar. Naturalmente “hombre” está usado aquí como el concepto “ser humano”: hombre y mujer. Y para terminar al mirador provinciano se le ocurre una imagen, que es muy vieja, pero queda dentro del imaginario que hoy nos sirven en bandeja el cine, la televisión y hasta los disfraces de escolares que preparan la celebración del Haloween, que antes eran los días de los santos y los difuntos: un cuerpo humano, de hombre o de mujer, velludo y con rostro de chivo o cabrón y con pezuñas. Es el diablo o demonio, la personificación del mal que hay en el hombre cuando pierde los atributos o facultades humanas, la memoria, el entendimiento y la voluntad y se guía por los instintos animales. Y menos mal que no siempre es  así, cuando es humano.