Lunes, 9 de diciembre de 2019

¿Quién es quién?

Más de 9.000 euros constó cada repatriación de un inmigrante ilegal según los informes oficiales. El año pasado la Agencia Europea de la Guardia de Fronteras y Costas (Frontex), traslado de vuelta a sus países de origen a unas 7.200 personas con un coste total que supera los 66 millones de euros. ¿Mucho, poco?

 

Si consultamos la página oficial del Frontex podemos leer que fue creada en 2004 y su misión es ayudar a los Estados miembros de la UE y los países asociados al espacio Schengen a gestionar sus fronteras exteriores y contribuir a armonizar los controles fronterizos entre los países de la UE. Para cumplir su misión cuenta con una plantilla de 315 personas y un presupuesto de 250 millones de euros.

 

Pero la Agencia está cuestionada ya que se muestra poco eficaz a la hora de atajar el problema de los refugiados. Más de medio millón de personas, la mitad procedentes de Siria, entraron irregularmente en Europa por el Mediterráneo en 2015 huyendo de la guerra. 

 

No existe una definición clara de inmigrante aceptada internacionalmente. La Organización Internacional para las Migraciones (OIM) define como inmigrante a todas las personas que viajan de sus países de origen a otro por conveniencia personal y libremente. ¿Por conveniencia personal o porque son sabedores de que en sus países no tienen futuro? ¿Libremente? Desde luego no, obligados por la pobreza, la opresión, la enfermedad, etc.

 

Mientras, el Comisionado de Naciones Unidas para los refugiados (ACNUR) define a los refugiados como aquellas personas que huyen “para salvar sus vidas o preservar su libertad”. ¿Pero es que los inmigrantes no huyen también para salvar sus vidas y preservar su libertad? ¿Cuál es pues la diferencia entre inmigrante y refugiado? Los refugiados tienen derecho a pedir asilo, los inmigrantes no. Los sirios vienen de un país devastado por una guerra civil, los nigerianos de un país devastado por la sequía y el hambre, pero para nuestras sociedades, donde todo está reglamentado, los primeros son refugiados con derechos y los segundos no son nada.

 

El caso es que la Declaración Universal de los Derechos Humanos en su artículo 1 no hace estas distinciones al señalar que Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros.

 

Más de 12 millones de sirios se han visto obligados a abandonar sus casas y su país en los más de cuatro años que dura la guerra. Europa ha hecho una propuesta para acoger a 160.000. España se comprometió a final de 2015 a acoger a casi 16.000 personas entre 2016 y 2017, pero el caso es que en abril de este mismo año eran apenas 18 y en mayo 46 (cifras oficiales). Según el gobierno, ahora en funciones, se trata de problemas de coordinación ¿Coordinación, eso es lo que está poniendo en juego la vida de miles de personas? ¡Coordinación no!, falta de interés y de voluntad política, problemas de seguridad, además de incompetencia, eso sí.

 

El comentario de un tal Lucro Cesante al artículo publicado por 20 minutos en el que se informaba de la llegada de 155 refugiados sirios procedentes del Líbano en julio de este año es “Que comiencen a integrarse quitándose los trapos ellas y cortándose las barbas ellos... ah y que coman jamón que está muy bueno”. Y hay algunos más que por vergüenza no reproduzco, pero que pueden leer – no es agradable – en la dirección que señalo abajo[i]. Por supuesto todos ellos (o ellas) se refugian en el anonimato y se autocalifican, pero si no fuera así creo que las palabras de Woody Allen lo hacen con unas enorme exactitud: La ventaja de ser inteligente es que puedes fingir ser imbécil, mientras que lo contrario es imposible.