Buscar la utopía

Recuerdo que cuando era más joven, me movían diferentes  inquietudes dirigidas a mejorar el mundo, ¡así a lo grande!  ¿Quién no ha soñado con un mundo sin guerras, sin hambre, sin injusticias?. No es que ahora haya abandonado esas metas. Es lo que, al fin y al cabo, me mueve en el camino, como decía Eduardo Galeano, nos ayuda a caminar, a emprender la marcha, a buscar la utopía.  Y  lo intento con ahínco cada día. 

Sin embargo, percibo que hay cosas que han cambiado, que se modifican cada día. Siento que he dejado de ser el centro de esos sueños. Me voy dando cuenta de que me importa más contribuir a lograr los sueños de otros,  a hacer lo posible por hacer felices a los que me rodean.  Sin duda una forma más de egoísmo personal, pues consigo finalmente ser feliz yo también, perseguir mis sueños, …

Al principio, me movía la inquietud de dejar mi propia huella en el mundo, de poner mi impronta en las “pequeñas – grandes” cosas de cada día, en mi profesión, mis familiares y amigos, y muy especialmente con mi pareja y mis hijos, de dejarles un legado, mi propia huella.

Pero últimamente soy más consciente de la huella que dejan en mí las personas con las que me encuentro cada día, las experiencias que vivo en mi trabajo, las vivencias que comparto con mi familia. Y me descubro  afortunada. Es un privilegio que aún estoy aprendiendo a asimilar pero lo vivo como un regalo y como una oportunidad para fortalecer la esperanza en que un mundo mejor es posible. Porque ¿qué mejor huella que  el agradecimiento de las personas que –pasándolo mal- se acercan a ti y te confían sus problemas, o la sonrisa de aquél que, tras un desahogo o tras comunicarte una buena noticia te agradece el tiempo dedicado, la escucha recibida, la vida compartida…?

La vida me va diciendo que hay huellas que ayudan a ser mejor persona y a hacer un mundo mejor. Son esas huellas intangibles que deberíamos cultivar más. Os invito a descubrirlas… ¡Merece la pena!

María