Miércoles, 17 de octubre de 2018

Amurallados

 

Si al ridículo, chabacano y vergonzoso intento de boicot al pregón albense de Lucía Caram, no se hubieran unido los comentarios y ridículos chascarrillos de una pléyade de articulistas provinciales de los que por aquí ejercen, el suceso habría pasado de puntillas a los amarillentos anales de la fachería específicamente salmantina. Pero han tenido que alzarse las justicieras voces de los más nombrados cronistas periodísticos de la también amarilla ciudad, para apuntalar el semilinchamiento fascista con frasecitas de su acostumbrado y maestril tonillo despectivo, para que todo el mundo recuerde que aquí, en este rincón abandonado por la vanguardia y la inteligencia, el forastero, lejos de poder ejercer su libertad de expresión, ha de cumplir ciertos requisitos de pensamiento o, al menos, de comportamiento, y que sus opiniones, mas si son izquierdistas, nacionalistas, libertarias o simplemente de pura humanidad, deben antes de ser expresadas, haber pasado por el filtro reaccionario de los gurús de la salmantinidad, bajo pena de chufla, insulto o lapidación verbal, en papel o digital, cuando no de ofensa directa o intento de escarnio publico, como le ha sucedido a la monja argentina tras su intervención en Alba de Tormes y a otros visitantes -conferenciantes, políticos, ecologistas, actores, cooperantes...- en repetidas ocasiones. 
Resulta ya más que inquietante (y en cierto modo alarmante, sobre todo por ese anacronismo mental reaccionario que se revela en estas tierras hereditario y transmisible), el nivel de radical intolerancia que en esta provincia está alzándose muy mayoritariamente en los medios de comunicación como muralla numantina ante cualquier acto, expresión o acontecimiento que toque, roce o afecte, poco o mucho, o ponga en cuestión de cualquier forma los intereses de una clase dirigente (política y económica), que coloniza y manipula con esa siembra de rechazos seudoperiodísticos y azuzamiento de manifestaciones pretendidamente espontáneas, no sólo el desarrollo y la información veraz, sino la percepción de la realidad por la parte más incauta de la masa social, lo que ha convertido en una suerte de virreino amurallado a la crítica y el cuestionamiento un territorio maltratado además por el desinterés que hacia esa misma población demuestran esos mismos seudoadalides de las esencias patrias. 
No sólo con las descalificaciones de personas, organizaciones o iniciativas, sino con la ocupación de espacios periodísticos con asuntos de su exclusivo interés (religión, tauromaquia, cierto tipo de enseñanza, modelos propios de sanidad y gestiones públicas, etc.), estos nuevos colonos de la realidad han acuñado una suerte de (falsa) opinión pública salmantina que parece corresponderse con el más descarado y cutre derechismo. Como no es en absoluto cierto que esa sea la realidad del pensamiento de todos los que aquí moramos (aunque sí, ¡ay! la mayoritaria), será preciso, de vez en cuando, desenmascarar con nombre y apellido alguno de los nombres de los abanderados de esta campaña de descarado facherio y preocupante liberticidio. Eso precisa arrojo y compromiso ante estos corbatines y sus delfines lacoste. Y un valor que nos defienda de inquisiciones. Yo ya me apunto.