Sábado, 17 de agosto de 2019

Las hermosas y muy sucias orillas del Tormes.

Sorprende la política de limpieza y conservación de jardines y medio ambiente de nuestra ciudad. Hay una regla que funciona, más o menos explícita, desde hace décadas: limpiar una zona, hasta un límite que señala el comienzo de otra zona (generalmente menos “vistosa” o transitada) que queda como zona abandonada.

La otra tarde di un paseo por la orilla derecha del Tormes, hasta el Puente Romano. Y cuál fue mi sorpresa cuando descubrí que ya junto al Puente Romano había suciedad y basuras acumuladas, que daban una nota desagradable de dejadez,  en un punto turístico importante de nuestra ciudad. Seguí mi paseo por la misma orilla hacia el sur, hasta el siguiente puente y viendo el estado de las magníficas arboledas, de tantos recuerdos para miles de salmantinos, se me cayó el alma a los pies: cuanto más avanzaba, más suciedad de todo tipo encontraba en cada rincón; plásticos, latas, papeles, botellas de licores, ramas rotas…convertían un lugar que por su naturaleza es hermoso y digno de ser disfrutado, en un lugar para ser evitado.

¿Dónde está nuestro amor por nuestra ciudad? ¿En palabras alejadas de realidades cotidianas? ¿Con qué orgullo y placer enseñaremos a nuestros hijos esos espacios que han constituido gran parte de nuestra infancia y juventud?

Los motivos para no limpiar y cuidar esos espacios no son racionales. ¿Serán míticos? ¿Procederán de un inconsciente colectivo salmantino en el que hay zonas de la ciudad impregnadas de mitos ancestrales (el Arrabal, la chopera, el Tejares del texto de Lazarillo, la cueva de “la Múcheres”…) que impiden cuidar y disfrutar de ellos, a pesar de tener virtudes urbanísticas o ambientales suficientes para ello?

Señores del Ayuntamiento: desposéanse de prejuicios pasados, retomen y cuiden esos espacios meritorios y bellos, y todos les aplaudiremos; más, quizás, que si inauguran otro nuevo parquecito, con cuatro árboles sin sombra, con paseos que nadie pisa y que cuestan más dinero que conservar los espacios naturales que ya tenemos.

Y si se limpian,  y luego una parte de la ciudadanía poco responsable, jóvenes o mayores, la ensucian, no duden en sancionar a aquellos que manchan los espacios públicos. Las sanciones, por desgracia, son necesarias para lograr conductas cívicas y tener una ciudad limpia para todos. ¿No se sanciona al conductor que supera la velocidad marcada?

¿Por qué no sancionar al que maltrata el medio ambiente? Tienen el apoyo de todos los que amamos Salamanca.