Lunes, 23 de septiembre de 2019

El Nobel de la discordia

Al otoño le han salido hojas de laurel que arrastra el viento, todo muy poético y musical, todo muy ocre y bucólico pastoril. Por eso, la polémica de este tiempo hermoso no debe ser la manera burda, cruda y grosera de Trump de agarrar a las mujeres, no, la polémica tiene versos, rimas, notas y hasta bemoles. Y puestos a ser coloquiales, como dice mi excelsa fotógrafa, que le den el próximo premio al Dúo Dinámico que riman que te cagas. Como título de columna, divino, querida mía, pero yo todavía tengo una –relativa y poca- dignidad que mantener.

         No seré yo quien le quite la importancia a Bob Dylan. Ni a Cohen, ni a Serrat ni a Sabina ya puestos. Dexler escribe maravillosamente y ni qué decir Ismael Serrano. Fíjense que se me están ocurriendo muchos más autores que bordan la música y la letra que te cagas. Debo esta diarreica de ejemplos y de tontunas, y todo porque no le han dado el dichoso premio este a Roth ni a Murakami. Todo porque eso de la mezcla está muy bien, pero no cuando tenemos que defender el trabajo literario de toda una vida, de una trayectoria sólida y a la qué dignificar. Nada, que lo de la mixtura está muy bien, pero como decía aquel, y no es Darío –Yo soy aquel que ayer no más decía, el verso azul y la canción profana- ni siquiera Raphael… no, creo que un tal Corcuera de los tiempos de Felipe dijo que los experimentos en casa y con gaseosa. Vamos, como la gestora del PSOE, que se monta un pollo para poner a un señor que está deseando irse a su casa a beber sidra. Esto de pasado que fue peor que se lo digan a Correa, que al final le va a echar toda la mierda al gobierno de Aznar y Rajoy tan feliz invitando a Susana Díaz a vacacionear a Pontevedra. A mí me gusta que la gente se lleve bien, por eso discrepo con Javier Tolentito, el hombre que más sabe de cine y de todo con el tema de Dylan y su Nobel. Discrepo muy educadamente porque no tengo fuerzas ni para argumentar, la verdad. Mis alumnos de primero de la ESO me han dejado para el arrastre y no voy a durar hasta el próximo puente, me temo. Lo dicho, que yo esperaba un escritor para releer, para disfrutar, para subir a los altares, y sí, me encuentro un poeta como la copa de un pino… pero así como que no… que hay otros modos de glorificar a este hombre irrepetible, sí, pero no precisamente con  el espacio que hay que reivindicar para el libro, para la lectura, para la creación literaria que no tiene tanto relumbrón ni tanta facilidad para llegar envuelta en música, envuelta en polémica si me apuran.

         En suma, que este otoño caótico y divertido nos da motivos de charla y de discrepancia. Y qué quieren que les diga, que me gusta más hablar de Dylan que de la futura investidura. Claro que los del Nobel no lo habrán hecho para que estemos entretenidos los españoles, a saber que se les habrá pasado por la cabeza para innovar tanto. Ya lo dijo Corcuera…         

Charo Alonso

Fotografía: Fernando Sánchez Gómez