Domingo, 25 de octubre de 2020

Desprotección de datos

La obtención de datos personales por parte de asociaciones, empresas y demás, se ha convertido en un sospechoso empeño primordial que a veces raya en la ilegalidad. Ejemplos se pueden poner a montones, pero el que hemos experimentado hace unos días ya es sangrante.

A través de una llamada telefónica solicitamos información a una Asociación de enfermos de determinada enfermedad cuyo nombre, de momento, no viene al caso. Una amable asistente nos fijó una cita para darnos personalmente esa información en la propia sede.

Nada más sentarnos, nos empezó a pedir datos personales que iba apuntando en unos folios con varios espacios para rellenar. Recalcamos que solo íbamos a pedir información y, por lo tanto, no teníamos necesidad de dar ningún dato nuestro. Ligeramente impacientada, nos dijo que era un trámite que tenía que cubrir con, únicamente, nombre, dirección y teléfono. Para trámite ya nos pareció mucho, pero insistía en que tenía que ser así. Teniendo nosotros en cuenta que esos datos están en las mismas guías de teléfonos, que bien públicas son, acabamos dándolos después de asegurarnos que solo era eso.

Yo no sé con qué tipo de gente trata esta Asociación para tomarnos por tontos y creer que se nos podía ir engañando como a los niños. Porque después de dar los datos mencionados, ya se nos pidieron, sin más, datos muy personales, todos los personales y, además, los referentes a la enfermedad.

Cuando le dijimos “Oiga, nos dijo que solo teníamos que dar nombre, dirección y teléfono” contestó, ya más impacientada, que necesitaba todos esos datos para pasarlos al departamento correspondiente de terapias y demás, para que allí designaran la que correspondiera a nuestro caso.

Insistimos en que solo queríamos información de la Asociación en cuanto a fines, actividades y demás, y que después ya decidiríamos si nos asociábamos, que sería cuando correspondiera dar todos los que requiriesen.

Pues no. Para informarnos debíamos rellenar dos folios de datos personalísimos, folios que, debidamente formalizados y grapados, pasarían a un cajón si finalmente no nos hacíamos socios, y en ese cajón quedarían sin más.

Seguimos sin entenderlo. ¿A un cajón sin destino? ¿Para qué?

Pues a pensar mal, claro, porque cuando se cometen este tipo de acciones sin explicaciones lógicas y convincentes, la imaginación se dispara, sobre todo ahora que los españoles la tenemos en la boca del cañón por lo que estamos viviendo.

¿Son fichas que cuentan y se utilizan a la hora de recibir subvenciones? ¿Pueden ser facilitadas, a cambio de algo, a otras bases de datos de otras entidades? ¿Qué objeto tiene guardar informaciones personales si al final no se hacen socios? ¿Ese cajón es legal?

Se acabó la amabilidad de nuestra interlocutora. O dábamos todos los datos que se nos pedían o no se nos informaba.

¿Y cómo nos informamos? De maneras poco amables nos remitió a la página web de la Asociación.

¿Por qué no nos lo dijeron desde el primer momento cuando llamamos por teléfono? Nos hubiéramos evitado una desagradable situación.

Pero claro, mejor ir allí, porque estoy segura de que una vez que la gente acude a ese despachito sueltan sus datos sin más, pensando que tiene que ser así.

Me parece importante destacar que es una Asociación de enfermos que en su mayoría son personas mayores que ni se dan cuenta de la importancia que tiene entregar sus datos más personales a cambio de una simple información, y que quedarán en un misterioso cajón aunque no se hagan socios ni tengan que ver nunca con ellos. 

En cuestiones en que los posibles afectados sean personas mayores, debiera haber una estricta vigilancia y protección, porque hay un desamparo total.

Que tomen nota los responsables a quienes corresponda esta vigilancia e impidan así los abusos que, sin duda, se están cometiendo.