Lunes, 18 de noviembre de 2019

La respuesta está en el tiempo

“La respuesta está en el viento” indica Bob Dylan en uno de sus himnos más conocidos. La respuesta está en el tiempo –apostillamos nosotros–, pues el tiempo convierte en memorable las obras excepcionales. Y la de Bob Dylan –pese a las polémicas de estos días– lo es, porque dice mucho de lo que somos, de nuestra contemporaneidad

Días de conmociones. La Academia Sueca acaba de otorgar el Premio Nobel de Literatura nada menos que a un cantante, a Bob Dylan. En las redes sociales y medios de comunicación no sé cuánta gente se rasga las vestiduras.

            Pero es que, en nuestra tradición occidental, al igual que en otras tradiciones culturales del mundo, uno de los vehículos privilegiados de transmisión de la poesía a lo largo de la historia ha sido, y sigue siendo, el cantar y la canción. ¿Por qué, si no, en nuestra historia literaria tienen un capítulo muy destacado nuestro romancero y cancionero tradicionales? Y en esa tradición, en la tradición de la difusión de la poesía a través del cantar o de la canción, que sigue viva, está Bob Dylan, sin duda alguna.

            No es descabellado por ello que el gran cantante norteamericano haya sido acreedor del Premio Nobel de Literatura. Dylan es autor de himnos memorables, que forman ya parte del imaginario colectivo más universalizado; como muestras, podemos citar, por ejemplo, “Blowin´in the Wind” (La respuesta está en el viento), “A Hard Rain´s a Gonna Fall” (Es fuerte la lluvia que va a caer) o la celebérrima “Like a Rolling Stone” (Como un canto rodado), entre otros himnos memorables del cantante norteamericano.

            Una de las aspiraciones de todo poeta es convertir en memorables algunas de sus creaciones, algunos de sus poemas. Dylan lo ha conseguido con creces. Cuando éramos adolescentes, algunas de las canciones del norteamericano –cuando el Concilio Vaticano II era una muestra más de que los tiempos estaban cambiando– se cantaban incluso en las iglesias, durante las misas, con la compañía de guitarras.

            Bob Dylan –como se ha dicho con mucha razón– fue uno de los catalizadores esenciales de la revolución cultural de los años sesenta, que tanto cambió el panorama de la sociedad y de las costumbres de todo el mundo, y particularmente del nuestro. Una revolución cultural que conocemos con el membrete de “mayo del 68”. Y ahí, en ese cambio tan hondo, del que hoy vivimos y que hemos normalizado, está la significación más profunda de la figura y de la música y de la poesía de Bob Dylan.

            No hemos de olvidar tampoco que Bod Dylan, junto con la también cantante Joan Baez, participó y cantó en la marcha por los derechos civiles en Washington, D. C. en 1963; y ambos cantantes eran figuras destacadas de aquel movimiento por los derechos civiles. Donde también nos encontramos con el hermoso, profético e histórico discurso de Martín Luther King de “Y tengo un sueño”.

            En mayo de 2011, invitados por la Universidad de Sevilla (que, como nos dijeron, cuando se nos invitó, era la única universidad europea que tenía un curso monográfico dedicado a “Bob Dylan”, para créditos de libre elección), dimos una charla en la universidad de la capital andaluza sobre “Lo poético en Bob Dylan” (en otro momento escribiremos sobre ello). Nos quedamos sorprendidos, porque a la charla –y suponemos que estarían inscritos en el curso– asistieron en torno a doscientos universitarios; muestra, sin duda, del acierto universitario de plantear un curso así y del interés de los jóvenes por una creación musical y literaria que sigue muy viva.

            “La respuesta está en el viento” indica Bob Dylan en uno de sus himnos más conocidos. La respuesta está en el tiempo –apostillamos nosotros–, pues el tiempo convierte en memorable las obras excepcionales. Y la de Bob Dylan –pese a las polémicas de estos días– lo es, porque dice mucho de lo que somos, de nuestra contemporaneidad.