Miércoles, 26 de febrero de 2020

Nobeles y Planetas

    Pensaba haber continuado hoy con ovnis y extraterrestres, pero aplazo la serie al próximo martes porque ahora me apetece comentar la concesión del Nobel de Literatura.

   Bob Dylan me gusta como compositor y como cantante, pero no es escritor. ¿Que escribe sus letras y algunas son buenas? Claro, pero no están concebidas para ser leídas sino oídas. Yo entiendo la literatura como un fenómeno inseparable de la lectura, así que no me parece lógico que le hayan concedido un premio literario. Usando el argumento de que sus textos gustan y emocionan, cabría esperar la concesión del Nobel de Literatura al cocinero Arguiñano, porque además de preparar platos ricos-ricos traslada sus recetas a los libros. Otro argumento en contra de la concesión: ¿Cuántas canciones que valen la pena habrá escrito Dylan? ¿Cincuenta, cien…? Pongamos que un centenar; pues bien, eso supone como mucho un libro de unas cien páginas, equivalente a un poemario o una novela breve. ¿Se ha premiado alguna vez con el Nobel a un escritor de una sola obra? Entre nosotros contamos con un puñado de excelentes cantautores, tan buenos como Dylan, que nunca obtendrán un galardón semejante. Y ni siquiera pueden aspirar a un Planeta, pues –con excepciones de calidad como es el caso de Dolores Redondo– este premio sustancioso también suele adjudicarse en función de méritos políticos o mediáticos más que artísticos. De hecho, varios de los más reputados ganadores brillan por su mediocridad, como continuaré explicando en sucesivos artículos cuando agote el asunto ufológico. Hay un tal Otero, jaleado con insistencia en las emisoras musicales, que se postula al Premio Planeta gritando en su tema más pegadizo: "Me has dejado mal herido, y tengo tu voz y tus ojos dentro mío".