Miércoles, 21 de octubre de 2020

Extraterrestres -y VI-. Sobre J. J. Benítez

"A medida que envejezco estoy más convencido que nunca de que no estamos solos. Y ahora, después de toda una vida de preguntas, estoy ayudando a liderar un nuevo esfuerzo global para encontrarlos". (Stephen Hawking) 

      Aunque los dos estudiamos periodismo en la Universidad de Navarra, no fue allí donde coincidí con él. A Juan José Benítez le traté personalmente en Bilbao cuando comenzábamos a interesarnos periodísticamente por el tema ovni. Él era reportero de La Gaceta del Norte y yo de RTVE.

     El 14 de mayo de 1974 asistimos ambos a la presentación del libro El gran enigma de los platillos volantes, de Antonio Ribera, uno de los primeros en exponer la intuición de que "la Tierra está siendo visitada, por lo menos de una forma asiuda y metódica a partir de 1946 –sin que ello quiera decir que antes no se la observase– por unos misteriosos seres inteligentes, externos a nuestro mundo, y que han desarrollado sistemas de viaje interplanetario al lado de los cuales nuestra rudimentaria astronáutica es un simple balbuceo".

    Juanjo Benítez tuvo el acierto de aprovechar el éxito de sus reportajes internacionales sobre ufología. Y la fortuna de aceptar una oferta de la Editorial Plaza & Janés para dedicarse casi en exclusiva a ese tema. La ilustración adjunta es la dedicatoria de uno de sus primeros libros superventas. Por mi parte, hice algunas investigaciones sobre ovnis de forma esporádica, publiqué una serie de reportajes en Agencias y la revista Muy interesante (bien pagados, por cierto), dirigí programas radiofónicos e impartí charlas. Con los años, Benítez y yo fuimos reencontrándonos en lugares y circunstancias profesionales distintas. Él me hizo en Conakry la fotografía que ilustraba un artículo en esta sección sobre el viaje de los Reyes de España al África Subsahariana. El caso es que se fue distanciando nuestra relación y no volvimos a mantener contacto hasta que en 1997 visitó Salamanca, donde estudiaba una hija suya. En esa ocasión comió en mi casa y rememoramos los tiempos del periodismo de calle y de trinchera, una forma de trabajar que no se limitaba a transcribir comunicados, al bla-bla-bla de los políticos y a las mandangas demagógicas de lo políticamente correcto. Por fortuna, actitudes como la que muestra ahora mismo Stephen Hawking suprimen de un plumazo la consideración de la ufología como tema propio de chiflados y la sitúa en su auténtica medida como uno de los mayores enigmas de la Humanidad.