Lunes, 6 de julio de 2020

Un viaje por la Antigua Grecia (II)

El camino por la Antigua Grecia continua hacia Olimpia, donde se celebraban los primeros Juegos Olimpicos que unían durante unos días a las rivales ciudades-estado griegas. Pero  nos desviamos un poco de la ruta para visitar Micenas, la fortaleza más impresionante del mundo antiguo, construida hace mas de 3500 años. ¿ Quién no ha oído hablar de la guerra de Troya y de sus héroes, Paris y Elena, los enamorados,  Menelao, el esposo ultrajado de Elena, Aquiles, Ulises y Agamenón los jefes que se enfrentan contra los troyanos del rey Priamo y logran entrar con la astucia del caballo de Troya?. Micenas, la fortaleza del rey Agamenón con 3500 años de historia se yergue sobre una colina, tan impresionante como las fortalezas incas, y tan bella como las ruinas romanas. La puerta de los leones de Micenas es no solo un prodigio de ingeniería militar, sino una muestra del arte arcaico griego. 

La ascensión hacia la tumba de Agamenón en lo alto de la fortaleza nos descubre unas extraordinarias vistas del valle que rodea la fortaleza. El pequeño museo adjunto a la fortaleza nos ofrece los sueños y los trabajos de los arqueólogos en su esfuerzo por demostrar que Troya  y Agamenón existió realmente y no era simplemente una leyenda antigua. Muy cerca la majestuossa tumba de Atreo, un enterramiento circular de 13 metros de altura, construido con enormes piedras de varias toneladas y completamente pintado el interior y donde se descubrieron máscaras mortuorias de fino oro, entre otras la que se supone fue del rey Agamenón.
Y llegamos a Olimpia donde se celebraban los antiguos Juegos, los juegos Pitios,  concebidos no solo como un deporte, sino como una cuestión religiosa. El cultivo del cuerpo y del espíritu era algo esencial para los griegos. El culto al dios Apolo con su templo reinaba en Olimpia donde cada dos años se reunían los atletas más destacados de la antigua Grecia y donde los campeones eran coronados con coronas de olivo. Durante los Juegos estaban prohibidos todo tipo de combates en toda Grecia, la paz reinaba entre las ciudades-estado mientras duraran los juegos olímpicos. Y esa paz se sigue respirando hoy en el bosquecillo plagado de ruinas de residencias de atletas y templos dedicados al dios Apolo. Hoy en día, el fuego olímpico de cada Olimpiada se sigue encendiendo en Olimpia y se traslada desde alli a la ciudad que los organiza despues de recorrer toda Grecia.
El viaje prosigue hacia el norte a Delfos y su famoso oráculo. En un mundo donde religión,  política y  ciudadanía se unían, la comunión entre los dioses y los hombres se establecía mediante sacerdotisas que adivinaban el futuro. El dios Apolo era el patrocinador del Oráculo de Delfos donde se comunicaba con los mortales a través de una pitonisa,  era el oráculo más importante de la antigüedad clásica. Un sitio lleno de templos, altares y edificios exquisitos de mármol donde las ciudades- estado griegas guardaban sus tesoros protegidos por los sacerdotes de Apolo.

El Oráculo se halla en el monte Parnaso y a lo largo de la montaña se asciende por el llamado camino sagrado hacia el templo de Apolo con edificios como el templo dedicado a Atenea Pronaia y  otros que jalonan la ladera del monte, incluyendo un teatro, un estadio y un gimnasio, lo cual muestra la enorme popularidad del famoso Oráculo. Al lado podemos visitar un extraordinario museo con alguna de las esculturas más bellas de la Antigüedad Griega y Romana, quizá uno de los mejores museos del mundo, donde destacan tanto esculturas arcaicas como la Esfinge Naxos o los Gemelos Cleobis y Bitón, como el maravilloso Auriga, una escultura de bronce de un vencedor en una carrera de carros, sin olvidar la estatua de Antinoo, el joven amante del emperador romano Adriano.
La penúltima etapa de este sorprendente viaje por la Grecia Antigua es la península de Meteora al Norte de Grecia en la región de Tesalia, un lugar geológicamente sorprendente con caprichosas formas basálticas producidas por el aluvión de un rio. Los Meteoros son un conjunto de peñas coronados por monasterios, ermitas y celdas.

En estos parajes que recuerdan la Capadocia turca, se alzan una serie de monasterios, procedentes de antiguos eremitorios donde monjes en completa soledad y silencio se dedicaban a la oración. Colgados de las montañas y con un casi imposible acceso viven todavía una serie de monjes y de monjas en edificios del siglo XVI, XVIII y XIX. De hecho, el acceso a la zona es de 1922 y las escaleras de entrada a alguno de los monasterios son de pleno siglo XX. Siguen funcionando 6 monasterios, de los cuales el más grande es el de la Transfiguración de Cristo donde destaca la iglesia de 42 metros de longitud y 24 de altura, edificada hacia 1382. Los frescos cubren todo el conjunto de la iglesia de cruz griega con ilustraciones sobre los evangelios y los santos de la iglesia ortodoxa. La vista de los Meteoros desde el monasterio es sencillamente inenarrable. Por cierto, el monasterio conserva entre otros museos interesantes, un pequeño museo de historia donde aparecen las andanzas de los soldados nazis que ocuparon Grecia en la segunda guerra mundial y la lucha contra los guerrilleros griegos.

Desde Meteora a Atenas, el viaje se hace cansado, a pesar de transcurrir por paisajes preciosos llenos de olivos, encinas y vides, cruzamos el paso de las Termópilas, donde 300 espartanos al mando de Leónidas intentaron parar, sin éxito, el avance persa hacia Atenas que fue destruida en el siglo V antes de cristo, sin embargo,  llevamos los ojos llenos de maravillas que nos unen al pasado y nos reconcilian con el turbulento presente. Para el hombre de hoy, resulta un viaje iniciático a la cuna de nuestra civilización, a la esencia de nuestro arte y nuestro concepto de ciudadanía, donde los hombres libres comenzaron a practicar la democracia.