Miércoles, 26 de febrero de 2020

Traducciones judías y cristianas de la Biblia (Edad Media)

He presentado en las dos postales anteriores algunas traducciones actuales de la Biblia al Castellano. En ese contexto quiero recordar algunas tradiciones antiguas, que llamo "de la Edad Media" (es decir, antes de que se impusiera el Concilio de Trento).

Las traducciones de la Biblia a las lenguas hispánicas, sobre todo al castellano y catalán, comienzan en el siglo XIII y continuarán hasta el XVI, cuando ellas cesan por dos razones principales:

-- la expulsión de los judíos
-- y la prohibición del Concilio de Trento, que impide a los católicos la lectura de la Biblia en lenguas "vulgares".

Estos son algunos de los testimonios más significativos de las traducciones medievales:

1. Traducciones parciales pre-alfonsinas.

Llamadas así porque serían anteriores a la Historia de Alfonso X el Sabio. Provienen casi todas del siglo XIII y la mayoría han sido conservadas en diversos manuscritos del Monasterio del Escorial. Algunos se han hecho del hebreo y son obra de judíos, otras de la Vulgata latina y son obra de cristianos. Unas y otras ofrecen el testimonio más antiguo de la presencia de la Biblia en las lenguas hispanas. Como primera de ellas se suele contar la realizada por Aimerich Malafaida, que fue patriarca latino de Antioquia en tiempo de los cruzados y que se contiene en una carta que él escribió entre 1126 y 1142 al arzobispo de Toledo.

2. La Biblia Alfonsina (1280).

Forma parte de la Grande e general Estoria, obra patrocinada por Alfonso X el Sabio, rey de Castilla y León. Ofrece una traducción no literal del texto latino de la Vulgata, desde el Génesis hasta el Nuevo Testamento. Monumento clave de la lengua castellana. Parece la primera traducción general de la Biblia a una lengua hispánica.

3. Biblia de Alba (1430).

Llamada así porque forma parte de la biblioteca de los Duques de Alba (Madrid). Parece haber sido realizada del hebreo y latín, por un rabino llamado Mosé Arragel de Guadalfajara, hacia en la primera mitad del siglo XV, a petición de Luis de Guzmán, Maestre de la Orden de Calatrava y bajo el patronazgo de Juan II, rey de Castilla y León. Es un testimonio de las intensas relaciones culturales que habían existido en España entre judíos y cristianos, sobre todo en los siglos XIII y XIV.

4. Traducciones catalanas. J

aume de Montjuich parece haber traducido parte de la Biblia del latín al catalán hacia el 1287, por encargo del rey Alfonso II de Aragón. Del siglo XIII es también la Biblia Rimada de Sa Bruguera. Parece haber existido traducción completa de la Biblia latina al catalán de. 1407. Más significativa es la realizada, también del latín, por Bonifaci Ferrer, hermano de San Francisco Ferrer, y publicada en 1478, de la que sólo se conservan algunas partes.

5. Manuscritos castellanos del Escorial.

La lectura de la Biblia en castellano se vuelve corriente en el siglo XV, como lo atestiguan diversos manuscritos de la Biblia (Antiguo Testamento) que se conservan en la Biblioteca del Escorial. Entre ellos pueden citarse los siguientes.
(1) Una traducción casi completa del Antiguo Testamento (El Escorial: Sigla I-j-4), hecha del latín, para cristianos de cierta cultura.
(2) Hay otra Biblia conservada en dos manuscritos parciales (Siglas: I-j-7 y I-j-5), traducida del hebreo, por judíos y para judíos, de un modo muy literal, con fines didácticos y litúrgicos.
(3) Existe otra Biblia judía más moderna (Sigla: J-1I-19), realizada también del hebreo, por judíos y para judíos, de lenguaje más fluido y menos literal. Existen además, no sólo en El Escorial, sino en otras bibliotecas, manuscritos de traducciones de la Biblia (Antiguo Testamento), hechas por judíos hispanos, para uso de judíos y también de cristianos, a lo largo del siglo XV. Por aquel entonces (siglos XIV y XV) gran parte de los numerosos judíos hispanos eran bilingües, por lo que podían traducir su Biblia al castellano sin dificultades.

6. Pentateuco de Constantinopla (1547).

Texto bíblico impreso en Contantinopla, por Eliécer Soncino el año 1547. Es una políglota, pues incluye el texto hebreo, el Tárgum arameo de Onquelos, una traducción al griego de su tiempo y otra al castellano antiguo (escrito con caracteres hebreos). Más que castellana, esta es una traducción sefardita, que conserva el lenguaje arcaizante y refleja las tradiciones litúrgicas y religiosas de los judíos de los siglos anteriores, que habían sido expulsados de España.

7. La Biblia de Ferrara (1553).

Esta es la gran Biblia sefardita, que ofrece el testimonio de la vida y cultura de los judíos hispanos, "siguiendo lenguaje que los antiguos hebreos españoles usaron". Se llama así por haber sido publicada en Ferrara, Italia, el 1553. Tuvo una edición dirigida a lectores judíos y otra a lectores cristianos, en un momento en que se pensaba que las relaciones entre judíos y cristianos podrían establecerse de nuevos. Sus autores fueron dos judíos portugueses, Duarte Pinel (Abraham Usque) y Jerónimo de Vargas (Yom Tob Atias), huidos de la península ibérica y que escriben en castellano, por el valor universal que atribuyen a esta lengua. La traducción se destaca por su arcaísmo y carácter literal, pues recoge tradiciones anteriores. Ella influido en la versión de Reina-Valera (Edición moderna: I. M. Asan y U. Macias, La Biblia de Ferrara. Edición facsímil con introducción y notas edición facsimilar, Sociedad 5º Centenario, Madrid 1992)

8. La crisis católica del siglo XVI.

El final del siglo XV y todo el siglo XVI marcan la gran ruptura que se ha producido por dos acontecimientos básicos para la historia política y cultural de España.

(1) La expulsión de los judíos, que corta una larga tradición presencia de la vida y cultura hebrea en España.
(2) La crisis protestante y el Concilio de Trento. En el momento en que Lutero y el conjunto de los cristianos protestantes buscaban un apoyo directo en la Escritura, traduciéndola a las lenguas nativas (Alemán, Inglés...), los reyes y la iglesia española interpretan en sentido estricto la prohibición católica de traducir y leer la Biblia a las lenguas vulgares (Concilio de Trento: año 1564).

Ciertamente, habían existido numerosos intentos de traducción de partes de la Biblia al castellano dentro del ámbito católico (entre los más significativos están los de Fray Luis de León y Fray Luis de Granada). Pero terminó prevaleciendo la prohibición, dándose entonces una gran paradoja. Los mejores eruditos bíblicos del momento eran hispanos: los editores de la Biblia Políglota Complutense o de Alcalá de Henares (1502-1517), lo mismo que después los de la Biblia Regia o de Amberes (1572), impulsada por Arias Montano y patrocinada por Felipe II, rey por entonces de Flandes. Pues bien, esos eruditos españoles podían estudiar y editar la Biblia en las lenguas antiguas (hebreo y arameo, griego y latín), pero no podían traducirla a su propia lengua, al castellano. De esa forma, los hispanos se volvieron en general analfabetos bíblicos.