La lectura

Soy excesivamente meticuloso a la hora de elegir los libros para mi lectura. Pues, el esfuerzo intelectual que realizamos al leer, ha de ser recompensado con un conocimiento práctico que nos ayude a salir de la mediocridad.

A través de la lectura, he descubierto infinidad de verdades sin fechas de caducidad. He advertido que, la Naturaleza, nunca altera sus principios, y las preguntas formuladas en otro tiempo, aún siguen sin contestar. Pasarán muchas generaciones hasta que se conozcan las respuestas, o quizá nunca se lleguen a saber.

Siempre busqué en la lectura el sentido último de las cosas, para hallar su principio. Pero, una pregunta tras otra, se han ido superponiendo, hasta formar la montaña de dudas sobre la que me encuentro. Al menos, me permiten saber hasta dónde puedo llegar. 

En los libros descubrí el espíritu salvaje de la condición humana. He percibido los triunfos y fracasos de grandes culturas; aquellas que han dejado sus huellas sobre la misma tierra que pisamos. He bebido de la historia los últimos posos y, aunque no han saciado mi sed de conocimiento, me han aportado un sabor agridulce que me mantiene despierto.

He visto reflejadas en los libros mis propias limitaciones Muchas de mis inquietudes las he descubierto en los personajes de ficción que discurren por los párrafos,     tratando  de ganar la atención de los lectores.  

Cuantas veces he consultado las biografías de los autores, para encontrar alguna similitud con sus personajes. He querido conocer en qué grado han suplantado la personalidad de quienes los crearon. Lo cierto es que, todos nos encontramos ante la misma tesitura. Creamos ficción partiendo de la realidad, y, no pocas veces, multiplicamos los problemas al tratar de resolverlos. También esto lo he descubierto en la lectura.

Somos pasajeros del tiempo que paramos en distintas estaciones de la vida. Algunos se apean definitivamente en el primer lugar que encuentran. Otros, a través de la lectura, recorremos el mundo y,  quedamos asombrados con lo que descubrimos.

Son interminables los caminos de la lectura; son indefinidos los amigos que encontramos en el trayecto. Todos, absolutamente todos, tendríamos que transitar por las páginas de la historia, para conocer los errores que hicieron caer a nuestros antepasados.

Hay una enseñanza implícita en lo que leemos. Quien sabe descubrirla, aprende a vivir. Quien solo utiliza la lectura como pasatiempo,  pierde lo mejor.