Jueves, 22 de agosto de 2019

El número de insensatos –Trumpistas- es infinito

El problema no es Trump, siempre tiene que haber un machista irredento, rico, poderoso, capaz de imponer su voluntad al más débil y compensar su falta de atractivo con dinero y abuso. El problema es aquella masa social que le vitorea, anima y hasta vota… el problema es que hayan dejado llegar tan lejos a un personaje que encarna las peores virtudes ya no del machismo, sino de las maneras dictatoriales, burdas y agresivas. Me dirán ustedes que muchos mandatarios se le asemejan –entre Putin y el impresentable presidente filipino estamos curados de espanto- pero es cierto que en Trump viven las peores formas regodeándose, disfrutando de lo macho y bestia que puede llegar a ser. Y lo peor de todo, el hecho de que tiene esposa e hijas que no le enmiendan la plana, sino que le ríen la gracia. Uno se pregunta cómo podemos buscar vida inteligente en el espacio si aquí precisamente no la tenemos y votamos sin reparar en corrupciones, en terrorismo sexual e incluso, en pura y dura egolatría. Somos una sociedad cuyos representantes nos avergüenzan y eso sí que es duro; somos una sociedad que acepta sumisamente que nos dicten normas aquellos que con practicar bien lo suyo ya tienen suficiente y que se lo digan a las ajedrecistas que van a tener que jugar bien tapaditas con el pañuelo porque a la Federación le va aquello del multiculturalismo mal entendido. Somos una sociedad de pánfilos y de dejados, señores míos.

         Menos mal que el grueso de la tropa se indigna con Trump y va a lo suyo con una inteligencia que a veces nos falta cuando recurrimos al mal menor en las urnas patrias. Pese lo que pase, siempre hay gente sensata y contemplamos los desmanes con cierta distancia, humor y nos vamos a lo nuestro, que hace buen tiempo y yo todo lo resuelvo con el factor caña con los amigos. La vida en el sur de Europa tiene ese aroma a primavera otoñal, a disfrute de la vida, a copa llena y charleta de barra. Lo nuestro es contemplar el desaguisado del PSOE, mirar con cierta condescendencia a Iglesias, con simpatía a Errejón y con cierto tedio a Rajoy. Lo nuestro es pensar que los norteamericanos tienen un punto caricaturesco y los yihadistas otro ciertamente ridículo. Luego nos vamos a la reunión de la cofradía, o al supermercado, donde los dulces de navidad me escandalizan. Aún nos queda cierta inteligencia a los europeos, por eso organizamos una feria de cerveza, una cata de aceite o un desfile de moda italiana, una boda folclórica con exclusiva y una quedada para irnos de casa rural de otoño. Quiero pensar que usted y yo, querido lector, somos capaces de escandalizarnos un rato y a otra cosa… eso sí, con ganas de decirle a cierto sujeto patético que si le agarra el coño a una mujer es porque esta está muerta de miedo, no porque le guste su manaza. Que alguien se lo diga claramente a marido de Melania, ese juguete comprado a precio de oro: es usted repugnante, patético, indigno hasta del hecho de que una mujer escriba sobre su vil persona. Un miserable que, en el fondo, no tiene más que mierda. Yo de la señora Clinton ni iba al debate, respirar el mismo aire que usted debe ser letal.                 

Charo Alonso

Fotografía: Fernando Sánchez Gómez