Miércoles, 28 de octubre de 2020

Coompetencia

Pensarán que me he podido equivocar al bautizar el desahogo de esta semana, podría ser. No descarten que el tecleo me pueda jugar una mala pasada en algún momento, pero en este caso quería agarrarme a la castellanización de un neologísmo empresarial.
Coompetencia no es más que la mezcla entre cooperación y competencia.
Como término apareció a mediados de los ochenta, y no deja de ser una estrategia que sustenta, permite y apuntala la competencia entre dos empresas que actúan en el mismo sector a base de cooperar en ciertos aspectos con el beneficio común como objetivo.
Pero todo esto es más antiguo que el hilo negro. No se refiere más que a eso de que el interés es capaz de tejer las alianzas más inesperadas o unir a los rivales más furibundos. Como la vida misma.
Y algo de esto pulula en la atmósfera política patria. Parece que el viraje del PSOE y el edificante comportamiento del PP corresponde a algo de esto. A una coompetencia de dos partidos dependientes, en un "mercado" con nuevos actores y con "consumidores"que demandan nuevos "productos".
PP y PSOE se necesitan. Algo así como McDonalds y Burguer King, como Real Madrid y FC Barcelona, o la Pepsi y la Coca Cola. Han sido los dos grandes bloques sobre los que ha girado la política española y sobre los que sigue girando. 
Los populares necesitan el empujón socialista para gobernar. Y los socialistas requieren tiempo para c
icatrizar e intentan rearmarse tras la boda roja que le han preparado al desnortado Sánchez, y el espejismo de zapateril que jamás resolvieron. Además si hay legislatura será pírrica, complicada y muy distinta a las que hemos conocido hasta ahora. Pero cuando la necesidad aprieta ya se sabe.
A mi me gustaría que esta relación tuviera tintes de romance. Quizás platónico, de esos que no conocen carne pero tienen sentimiento. Me hubiera gustado que no tuvieran que haber pasado diez meses y otras elecciones para que los dos partidos más votados de mi país se hubieran sentado en una mesa, hubieran hablado, negociado. Contrastado propuestas, acciones y medidas para entre los dos liderar este proyecto que se llama España.
Me habría encantado que Rajoy no hubiera dado la espantada cobarde y que Sánchez, allá por diciembre de 2015, se sentara propuestas en mano dispuesto a negociar, a hablar. Porque si esto hubiera ocurrido, ni el PP sería menos PP ni el PSOE habría girado a la derecha. Simplemente hubieran cumplido con el mandato ciudadano, con su responsabilidad. Y por cierto, le hubieran amargado la pascua a Podemos.
Pero por el contrario tenemos que asistir, como mal menor, a esta coompetencia obligada. Nacida de la necesidad, de la política de supervivencia. Que me recuerda a un abrazo amurallado para contener los cambios que ambos se resisten a asimilar. De esa que nos vestirán de compromiso, de deber y competencia aunque solo sea oxigeno, poder y resistencia.
Y aunque me temo que el sainete no finalizará, al menos tendremos gobierno. Con gotero, pero gobierno.