Lunes, 19 de agosto de 2019

Los pensamientos de los partidos políticos españoles o la lana merina

En holandés hay un adjetivo muy común, sin equivalente en castellano: es el adjetivo “lanoso” o lanudo (wollig) para referirse a algo lleno de huecos, que no tiene forma definida. Cuando me lo dijeron, me vino a la cabeza inmediatamente el conjunto del vacío de ideas que caracteriza la falta o impostura ideológica de los actuales “partidos” (nunca mejor dicho) políticos españoles actuales.

Vayamos de derecha a izquierda, como si bailáramos “la yenka”. El PP tiene en su tejido lanoso tres o cuatro hilos, recubierto de espesa y movediza lana, similar a los cabellos de D. Trump: máximo beneficio para los gobernantes, mínimo coste judicial y de votos, negación sistemática de evidencias,  repetidos “y tú más” para todos los demás. Ciudadanos tiene un solo hilo: ser hijo del PP  pero limpio, bien aseado, sin antecedentes penales. El PSOE tiene también un solo hilo conductor, en medio de toneladas de tejido lanoso, que nos ha estado mostrando ¡durante estos diez últimos meses!: tiene las mismas siglas que el partido fundado por Pablo Iglesias, por algo será…Pero más allá de sus antecedentes izquierdosos ahora pacta con la derecha y quiere seguir repartiéndose la baraja con el PP.

Finalmente, U Podemos, aún limpios de polvo y burocracia, están tan instalados en la “inocencia paradisíaca” del futuro, que aún creen en los beneficios de salir en la tele: ¡no desperdician ni una ocasión para salir en pantalla, comentar, hablar de sus diferencias con el resto de los grupos, de su buena fe…!. En la balanza de sus salidas televisivas no quieren ver cómo son manipulados por los periodistas, cómo al final de cada entrevista el teletontoespectador se queda con la idea de que los de Podemos son otro semillero de futuros corruptos, que están divididísimos o lo estarán. Pero ellos siguen fieles a su lanudo idealismo postmoderno: ¡Viva la televisión de otros! Han cambiado las manifestaciones en las calles por la sonrisa  repetitiva televisiva.

Como seguramente diría nuestro inmenso Valle Inclán, lo que necesita el tejido lingüístico español actual es una buena trasquiladura, para que se vean los dos o tres “hilitos”, que no pueden sostener, salvo mintiendo y poniendo parches, este castillo de naipes en el que se ha convertido el presente político español.

Menos mal que seguimos teniendo sol por un tubo y los turistas no miran hacia nuestra espesa lana mental que nos calienta de la intemperie del angustioso vacío.