Martes, 16 de julio de 2019

La paz y sus oportunidades

Puesto que vivimos en un mundo en el que la paz no tiene tantas oportunidades, hemos de saludar con alegría, también con esperanza, la concesión del Premio Nobel de la Paz al presidente de Colombia Juan Manuel Santos.

            Creemos que el mundo hispánico (Hispanoamérica y España) ha de celebrar, hemos de celebrar, este Premio Nobel. Y más cuando se trata de pasar página, de tratar de solucionar, ese enquistamiento de medio siglo largo de violencia en Colombia; que, desgraciadamente, debido a unos resultados inesperados del referéndum, se encuentra en un momento aún delicado.

Pocos son los Premios Nobel de la Paz con que se ha distinguido a personalidades de nuestro mundo hispánico que se hayan destacado por algún tipo de acción o iniciativa por alcanzarla. Nos viene a la memoria la figura del argentino Adolfo Pérez Esquivel, un destacado activista por la paz y Premio Nobel de la misma en 1980, con quien tuvimos la fortuna, hace ya años, de conversar demoradamente en los Cursos de Verano de El Escorial (organizados por la Universidad Complutense), a los que fue invitado, participando nosotros en los de poesía.

            La figura de Juan Manuel Santos se suma así, debido a la recientísima concesión del Premio Nobel de la Paz 2016, a ese elenco –todo lo polémico que se quiera, pero decisivo y significativo– de personalidades que, en nuestro mundo, un mundo desgraciadamente tan violento y tan desgarrado por las guerras, buscan ese ideal humano de convivir en paz, de saldar las diferencias, sean las que sean, a través del mecanismo civilizado del diálogo y del entendimiento.

            Como dijera el genial John Lenon: “dad una oportunidad a la paz”, demos una oportunidad a la paz. “Todo lo que pedimos –indica Lenon en su hermosa canción– es que le des una oportunidad a la paz”. Nada más y nada menos. Es que paremos, es que detengamos las desgarradoras sangrías que producen las guerras. Es que reaccionemos frente a esas crueles y bárbaras imágenes que, día a día, nos llegan a través de los medios de comunicación de la guerra siria, de esa ciudad mártir de Alepo, en la que niños aterrorizados lanzan sus gritos contra la guerra, contra la barbarie de la que son víctimas.

            Es bueno que demos esa oportunidad a la paz, en un mundo que vive de espaldas a ella, en un mundo en el que tiene tan pocas oportunidades. Juan Manuel Santos –y así lo acaba de reconocer esta concesión del Premio Nobel de la Paz– es uno de esos políticos valientes de nuestro mundo hispánico, que trata de dársela; frente a otros que se dejan arrastrar por los acontecimientos y que viven instalados en un tedio perezoso, perjudicial para todos.