Miércoles, 13 de noviembre de 2019

Fortaleza política (2ª Parte)

Aunque muchas puertas quedan abiertas tras el anterior artículo para querer reformar el proceso electoral a un proceso de conformación de las Cámaras Alta y Baja, la elección de nuestros diputados y senadores por listas abiertas y la educación parlamentaria necesaria para concer el proceso, debemos hablar de lo que sería la continuación del cambio. Del cómo dotar de fuerza política a nuestras instituciones y desarrollar nuestra cultura democrática de la separación de poderes. Queda fijar cómo configurar el Gobierno.

Es el momento de aprender que el ejecutivo deber ser otro cuerpo separado perfectamente del legislativo. Es momento de tener elecciones presidenciales y que tengamos una elección directa de quienes van a gobernarnos. En doble vuelta, en circunscripción electoral única nacional y en una votación final entre los 2 más votados. Que la participación en este último caso sería más baja, es clara teniendo en cuenta la posición de las fuerzas centrípetas de la política española, pero pondríamos cara a quienes hay que pedir explicaciones. Actualmente el Presidente del Gobierno, ante cualquier error o fallo se escuda en el Parlamento quien, en su mayoría parlamentaria, suele buscar en el portavoz parlamentario esas titubeantes palabras en la defensa de leyes infumables, inútiles o arbitrarias. El Gobierno que gobierne, si lo hace por decreto, que se envie a las Cámaras y que éstas ya decidan su idoneidad y la ajusten a la idiosincrasia política del país, por su complejidad de colores e ideas, como por su complejidad territorial.

El Gobierno debe estar formado por personas de enjundia y reflejo moral de talla. Desde Ministros sin estudios superiores, a jueces que entran y salen en el cargo riéndose del mandato constitucional, a responsables políticos con estudios inflados o falseados, ya no digamos sin concordancia al cargo que se le atribuye. A fin de cuentas se trata de un reparto de poderes entre las fuerzas internas de los partidos y las ponderaciones de intereses de lobbies u otros intermediarios. ¿Acaso no se pide a un Master en ICADE o IESE para ser CEO de grandes empresas? ¿Acaso no se circunscribe a Doctores la órbita de rectorables? Pues que menos que nuestro Presidente de Gobierno se haya capacitado para cargos de alto rango y que le acompañen un nutrido grupo de expertos en las materias con sensibilidad por el entorno en el que han sido formados.

Cara de Presidente y cruz de equipo. El líder debe presentar su equipo ante la opinión pública en las votaciones para que se valore las personas que van a empujar a nuestro país y a sus ciudadanos a altas cotas.

Es el momento de tomar decisiones que potencien el valor de la separación de poderes. En esta Europa divergente, difusa y poco iluminada en este siglo XX, debe haber cambios que den sentido en este siglo XXI a las mentes claras de la Revolución Francesa. Nuestros “hijos” latinos han sabido desarrollar Gobiernos y estados con mejor criterio en la separación de poderes y de ahí que, aun que en ocasiones convulsas –nada más achacable a nuestro carácter latino- tienen un mejor funcionamiento legal y gubernamental.

En la educación política estará la fuerza política para cambiar nuestra forma de gobernar.