Martes, 10 de diciembre de 2019

Caminos de libertad

Ya casi nadie se acordaba de cuando y porqué empezó todo. El caso es que aquellos grupos, asociaciones o sociedades, eran las que manejaba los hilos de cuanto sucedía en la ciudad. Tras unos años ejerciendo su autoridad, manejando a su antojo  las riquezas, el poder, la justicia, los privilegios… dejaba el campo libre para que otro grupo pudiera hacer lo mismo durante otra temporada. Por lo que se cuidaban mucho de criticarse y reprocharse entre sí demasiado duramente ciertas actitudes, porque sabían que, cuando les tocara a ellos ejercer el mando, también lo usaría en su propio beneficio. Tenían bien aprendida y pactada la comedia y el papel que a cada cual le tocaba representar y en qué momento debían hacerlo.

Con el paso de los años habían logrado tal maestría en el arte de convencer al pueblo de que cuanto hacían era por el bien del pueblo, que este lo tenía interiorizado de tal forma que nadie se atrevía a discutirlo. La única discusión que cabía, y que se utilizada como válvula de escape, era que el otro, por el mero hecho de ser el otro, siempre era el malo, mientras que lo suyo, por el mero hecho de ser suyo, era bueno. Guerrilla esta que, uno y otro grupo, estaba muy interesado en alimentar, pues mientras el pueblo se ocupara de estas cuestiones, ellos tenían las mano libres para hacer y deshacer a su antojo, con el beneficio añadido, de que sus correligionarios defenderían su postura, por muy mala que fuera, tan sólo por ser la contraria a la del otro, la cual, por ser del otro, era necesariamente nefasta, y que de llevarla a la práctica les conduciría a la ruina.

Unos y otros mostraban, a sus correligionarios, la zanahoria del bienestar con tal arte y habilidad, que el pueblo, limitado por las orejeras ideológicas, la seguía embobado sin ver lo que acontecía a un lado y otro del camino.

De cuando en cuando, se levantaba la voz de alguien que había sido capaz de deshacerse de las orejeras y había visto otros caminos, otras sendas por las que se podía transitar con más libertad a la vez que se disfrutaba del paisaje que la vida ofrecía. Trataba de despertar las conciencias del dormido pueblo, para hacerles ver la comedia en la que les habían metido e incluso les habían asignado papel, sin que fueran conscientes de ello. Voces  que pretendía sacudirles la monotonía de viajar siempre por el mismo lugar con la cabeza baja, con andar cansino y monótono, sin pensar en otras posibilidades, en otros parajes, en otras opciones. Eran voces que hablaban de otros caminos que ellos nunca habían visto ni transitado, caminos que no les era permitido ver ni pensar, gracias a las orejeras que con tanta habilidad les habían instalado. Para ellos, aquellas voces, eran de peligrosas sirenas que les haría chocar contra los escollos y perecer, preferían seguir por el único camino que les dejaban ver, sin cuestionarse la posibilidad de abandonarlo. Las voces, pronto eran desautorizadas por los grupos de poder que azuzaban al pueblo contra ellas, y era el propio pueblo, quien  se encargaba de callarlas, cerrándose a sí mismos la posibilidad de quitarse las orejeras, condenándose a caminar siempre por el mismo sendero, sin libertad para poder elegir.