Sábado, 14 de diciembre de 2019

Como gallinas decapitadas

A un amigo poeta se le ocurrió el otro día para describir la situación emocional por la que pasaba una pequeña asociación en crisis la expresión “como gallinas decapitadas”. Era un momento de transición de un equipo directivo cesante por otro que aún no se había hecho cargo de la dirección. Le respondí que seguramente en estos días la mayoría de los españoles nos sentíamos también como “gallinas decapitadas”. Acababa de estallar la crisis del PSOE y no estaba nada claro qué iba a suceder en la organización socialista, si el líder salvaría la cabeza, triunfaría un “golpe de estado” del sector partidario de la abstención en la investidura de Rajoy, o todo el grupo saltaría por los aires.

No hay cabeza que dirija el cuerpo de nuestra patria, desde hace largos meses. Se sigue moviendo por inercia, por supervivencia, porque si dejara de moverse sería la muerte. Y nadie quiere morir. La cabeza del PP está diariamente cuestionada por los tribunales de justicia, la del PSOE herida de muerte o amenazada y la de C´s demasiado pequeña para regir la nave del Estado. La de U Podemos es demasiado nueva y quizás joven para que gran parte de la población no sienta miedo.

¿Por qué se le ocurrió a mi amigo lo de “gallinas”? Por el miedo, creo, que sigue invadiendo  y expandiéndose sutil y diariamente por nuestra sociedad. El miedo es contagioso, se dice. Pero la metáfora tiene algo de excesivo; una gallina decapitada ya no tiene miedo, simplemente sobrevive sin orientación. Y nuestra sociedad no está decapitada, siente miedo a este desorden, a esta falta de claridad y de brújula en medio de la oscuridad. El miedo es siempre señal de un deseo: los españoles, la gran mayoría, desea, deseamos, que los que hemos elegido gobiernen,  pacten si es el momento de pactar, valoren, guarden, administren con honestidad las riquezas de nuestro país, tomen decisiones bien ponderadas; no se callen ni se bloqueen.

Ni gallinas ni decapitadas. Cuanto más miedo, confusión y debilidad en las instituciones, más golpes recibiremos de  los que controlan la economía , peor tratados seremos en los organismos internacionales. Si hay que volver en diciembre a unas terceras elecciones, solamente serán útiles si el porcentaje de participación fuera más alto que nunca: si todos y cada uno de los españoles vota sin miedos, libremente, a su opción política.