Miércoles, 28 de octubre de 2020

Dos caras de la misma moneda

 
 
Pienso que la guerra cainita que ha estallado en las filas socialistas no deja de ser más que la mezcla,convenientemente agitada, entre una histórica tensión política no resuelta y el producto de una era de políticos nefastos y cambios coyunturales ignorados.
 
Y es que los de la rosa parece que después de ochenta años siguen sin recuperarse. La cosa huele a tensiones entre Indalecios y Caballeristas. O lo que es lo mismo entre moderados y radicales. A la sazón, bailan entre los que no verían con malos ojos permitir a Rajoy un gobierno pírrico y esos del no es no. Y si encima los sillones menguan como nunca lo habían hecho, ya tienen montado el lío del año
 
Porque ya me parecía raro que todo este despropósito electoral que llevamos no tuviera consecuencias, no empezara a llevarse mediocres por delante.
 
Mientras unos lloran otros dan saltos de alegría.  Rajoy y los suyos tirando del "Je sui PSOE" con el objetivo cada vez más cerca de cumplirse. Igual que Iglesias, que lleva días saboreando parte del pastel socialista después de haberse comido a Izquierda Unida.
 
Lo de Rajoy y su Soraya va camino de record del mundo. Sin moverse del salón se han desecho de críticos, postulantes y hasta del jefe de la oposición. Porque sin quitarles el mérito aniquilador, hay que aplaudir también a su batería mediática. Esa que ametralló a Sánchez sin compasión en los últimos meses contribuyendo a este desenlace.  Pero señores, quien finalmente pierde con todo este lio es España. Si, no se asusten. 
 
Y no porque el PSOE esté en horas tan bajas.  Porque estarán conmigo que Sánchez y los suyos se lo han buscado. Si no porque entre tanto caos solo gana el señor de barbas, curioso. Aunque eso entrañe poner a este país contra las cuerdas y llevarle a punto de retorno complicado.
 
Me explico. Porque con un PSOE arrodillado solo queda una España dividida políticamente entre los extremos, polarizada. Esa del voto útil, que con tal de no tener un presidente con coleta tiene que tragarse el sapo de la corrupción, los manejos, los sobres y dem
ás repulsiones. Sumida en un chantaje electoral que ha salvado, y pretende seguir salvando, a un PP tejido únicamente de poder.  
 
No sé porque me viene a la mente ahora una frase que me soltó hace un tiempo, así sin anestesia y en modo sensei, uno de los grandes manejadores políticos de esta tierra charra: "que en esto no habría problemas, mientras hubiera puestos que repartir y cada uno tuviera el suyo". Algo que me sonó entre mal y peor, que sinceramente me estomagó, pero que ya entonces marcaba una forma de hacer política que hoy es tendencia. En la que lo importante es el respaldo bien acolchado.
 
Y es que a Sánchez le menguaron los asientos y Rajoy no quiere que quedarse bajo de aforo. Aquí desgraciadamente radica el meollo.
 
La jugada a Rajoy le ha salido redonda. Con Sánchez fuera del tablero tiene el gobierno en la mano sin terceras elecciones. Y si hay que pasar por el bochorno la culpa será de otros, y la partida pasaría por Podemos o él. Juego peligroso para España.
 
La dimisión de Sánchez es la realidad tozuda de un país de malos políticos, viejos tics y egoísmos enormes. De servidores públicos que no han estado más que a su altura, a una distancia abismal de aquellos a quienes representan.
 
El paradigma de una política sin músculo, sin venas, sin sangre, sin corazón. Eviscerada. Porque hoy en día los líderes valen tanto como el sillón que ocupan, no por la ideas que defienden, el discurso que mantienen o los problemas que solucionan o pretenden solucionar.
 
Tanto a Sánchez como a Rajoy les sustenta el poder. Y a muchos otros también. Creo que son dos caras de una misma moneda que saben que sin cetro no hay nada más. Veremos cuanto tarda el PSOE en recuperarse de esta, y cuanto falta para que en el PP comience el desfile.