Martes, 25 de febrero de 2020

Los ángeles de la guarda

Solemos hablar del ángel de la guarda de los niños, y por extensión del “ángel custodio” de los niños, conforme a una tradición que viene del Antiguo Testamento, y que he puesto de relieve el pasado 29 (fiesta de los Grandes Arcángeles: Miguel, Rafael y Gabriel).

Pues bien, hoy celebra la iglesia la fiesta de los ángeles de la guarda, que simbolizan y expresan la protección que Dios dispensa de un modo especial a los pequeños y a los pobres, a los excluidos y expulsados. El texto clave es Mt 18, 10:

Tened cuidado, no menospreciéis a uno de estos pequeños; porque yo os digo que sus ángeles, en los cielos, ven continuamente el rostro de mi Padre que está en los cielos.

Éstos son los ángeles de los excluidos, de los expulsados, de los encarcelados y enfermos, de los emigrantes… Éstos son los ángeles de los que vienen en pateras, de los que no tienen casa… ni protección.

Ellos, los expulsados, tienen al mismo Dios como garante y patrono del valor de sus vidas. Por eso es bueno recordar hoy la fiesta de los ángeles custodios.

Ángeles custodios

Este pasaje evoca la angelología más influyente del Nuevo Testamento, la que más huella ha dejado en los cristianos, que han formulado a partir de ella su visión de los ángeles custodios, que proviene del Antiguo Testamento, que habla de los ángeles de Dios (distintos del Ángel de Yahvé), como servidores suyos, que expresan su presencia y cantan su alabanza.

− Antiguo Testamento. Los ángeles son espíritus poderosos, que bendicen al Señor celeste y cumplen su voluntad (Sal 103, 20); son “hijos” del Dios de la vida (cf. Sal 29, 1), que cantan su gloria (Sal 148, 2), miles y millones de servidores celestes (Dan 7, 10), inmersos en un río ardiente (es decir, en el Dios Fuego de vida). La tradición posterior ha puesto nombre a varios de sus órdenes o coros, y así habla de los serafines de Is 6 y de los querubines de Ez 1 (con los tronos, dominaciones potestades, virtudes, arcángeles…), y los distingue de un modo radical de los ángeles malos, convertidos en demonios. De esos ángeles buenos ha tratado Hebreos, y les llama espíritus de Dios, llamas de fuego (Heb 1, 5-7).

− El Nuevo Testamento habla de ángeles, y los presenta con cierta frecuencia, sobre todo en los relatos del nacimiento de Jesús (Lc 2, 13) y de las tentaciones (Lc 4, 11), pero no presenta una doctrina unitaria sobre ellos, y además los subordina poderosamente a Cristo. Los textos de la anunciación (Mt 1, 18-25) y el nacimiento (Mt 2) no hablan de ángeles, sino del Ángel de Yahvé, al que identifican con el mismo Dios, que va iluminando a José y guiando la historia mesiánica de Jesús. El conjunto de Mateo interpreta a los ángeles (en plural) como servidores del Hijo del Hombre (cf. 13, 39 y 25, 31). Ellos expresan el poder escatológico de Dios (cf. 16, 27), no para liberar al Hijo del Hombre de la muerte (26, 53), sino para ratificar su sentido salvador de esa muerte.

En esa línea, el más significativo de los pasajes “angélicos” de Mateo es éste (18, 10), donde el mismo Jesús dice que los ángeles de los pequeños “contemplan en el cielo el rostro de mi Padre”. En contra de los vigilantes/custodios de la tradición de 1 Henoc, estos ángeles “guardianes” no invaden la tierra y violan mujeres (destruyendo así la humanidad), sino que ayudan y acompañan a los más pequeños.

La tradición bíblica conocía el tema de los ángeles poderosos de las naciones (cf. Dt 32, 8), y se ha fijado de un modo especial en algunos más altos (arcángeles), como Miguel (protector del pueblo: Dan 12, 1; cf. Ap 12, 7; Judas 9), Rafael (protector y sanador de los piadosos; Tobías), y Gabriel (cf. Dan 8, 16; 9, 21; Lc 1, 26-38), pero sólo aquí aparece con toda claridad la presencia angélica relacionada con el valor de los pequeños en la Iglesia y en el conjunto de la humanidad:

− Ángeles de los más pequeños. Nuestro pasaje presenta a los ángeles como protectores/intercesores de los más pequeños de la comunidad, en un gesto de radical inversión del mundo angélico. Ciertamente, Ap 1, 20 puede hablar de los ángeles de las siete iglesias, y de otros ángeles numerosos, en línea de poder. Por su parte, Pablo supone que los ángeles están presentes en la celebración eclesial (cf. 1 Cor 11, 10), pero añadiendo que nosotros, los hombres, estamos por encima de ellos pues tenemos el poder de juzgarles (1 Cor 6, 3; cf. Rom 8, 38). Pues bien, sólo este pasaje de Mateo habla de los ángeles de los pequeños como tales.

− Ángeles de la comunidad. Esta función de los ángeles de Dios, que están al servicio de los más pequeños, es un dato esencial de la “eclesiología” de Mateo. Ellos pueden estar relacionados con los espíritus poderosos de las iglesias del Apocalipsis (desde Ap 1, 20), pero aquí no aparecen como espíritus fuertes de las comunidades o como triunfadores del gran juicio de Dios (como en Mt 13, 39), sino como portadores y garantes de los pequeños de la comunidad.

Bibliografía:

He desarrollado el tema Gran Diccionario de la Biblia, Verbo Divino, Estella 2015, 66-72. Cf. También:

O. Bocher, Das NT und die dämonische Mächte, SBS 58, Stuttgart 1972;
B. Marconcini (ed.), Angeli e demoni. Il dramma della storia tra il bene e il male, Dehoniane Bologna, 1991;
E. Peterson, El libro de los ángeles, Rialp, Madrid 1957;
H. Schlier, Los ángeles en el Nuevo Testamento, en Problemas exegéticos fundamentales del Nuevo Testamento, FAX, Madrid 1970, 201-22;
W. Wink, Naming the Powers; Unmasking the Powers; Engaging the Powers, Fortress, Philadelphia 1984, 1986, 1992.